Alimentación del Homo sapiens en el Mesolítico

ALIMENTACIÓN DEL HOMO SAPIENS EN EL MESOLÍTICO

La finalización de la última glaciación, hace unos 12000 años, dio paso al Mesolítico –periodo también conocido como Holoceno, según la escala temporal geológica-. La alimentación del Homo sapiens en el Mesolítico daría un vuelco importante como resultado del cambio climático.

Tanta envergadura tuvo la modificación de la dieta durante este periodo, que se ha dado en llamar al acontecimiento la revolución de amplio espectro.

A continuación exponemos otro ejemplo más de que la dieta parece no ser tanto el resultado de una determinación genética como de la extraordinaria flexibilidad y adaptabilidad humana en cuestión alimentaria.  

TRANSFORMACIÓN ECOLÓGICA

Hace unos 19000 años, cuando el Paleolítico daba sus últimos coletazos, se inició el principio del final de la última glaciación. En ese momento comenzó un cambio climático gradual que dejó su huella en la vida del ser humano, tal como describimos en el post La alimentación del Homo sapiens en el Paleolítico.

7000 años más tarde finalizaría definitivamente la glaciación, inaugurándose el Mesolítico, periodo en el que se produciría un cambio climático más acusado. Las temperaturas y la humedad comenzaron un ascenso gradual, que trajo como resultado una marcada transformación medioambiental.

CAMBIOS EN LA VEGETACIÓN Y LA FAUNA

Los bosques se extendieron a costa de los hábitats abiertos. En la Europa continental y septentrional desapareció la tundra y aparecieron los interminables bosques de coníferas. En la Europa meridional, las estepas se transformaron en sistemas forestales templados caducifolios.

Estos cambios vegetacionales se acompañaron, como no podía ser de otro modo, de una modificación faunística radical. Algunos grandes mamíferos, como el mamut, el megacero y el rinoceronte lanudo, objeto del deseo del cazador sabio, se extinguieron por completo. Los grandes rebaños de ungulados migratorios, la otra fuente de alimento del sabio, modificaron sus rutas mientras huían de los bosques en expansión y se diseminaron por el continente euroasiático en busca de pastos. El antílope saiga se dirigió al este, hacia las estepas asiáticas. Tanto el reno como el buey almizclero se encaminaron al norte de Europa, allá donde la tundra quedó recluida.

Sobrevivieron sólo los pequeños mamíferos como, por ejemplo, las cabras, ovejas, etc. Ahora bien, los recursos vegetales proliferaban por doquier. Con todo, no fue Europa la que sufrió las peores consecuencias del cambio climático. En América la extinción se cebó más aún con la megafauna, llegando a desaparecer especies de mamíferos de menor tamaño como el caballo, ciervo, alce, etc.

El cambio climático y la extinción de la megafauna

El cambio climático y, tal vez, la caza intensiva acabaron con la megafauna del Paleolítico. El Homo sapiens se quedó sin fuentes de alto rendimiento nutricional, como el mamut y el rinoceronte lanudo. 

ALIMENTACIÓN DEL HOMO SAPIENS EN EL MESOLÍTICO: UNA RADICAL TRANSICIÓN ALIMENTARIA

El modo de subsistencia humano continuó siendo la caza y la recolección. Sin embargo, la transición hacia un clima templado, junto con el incremento de la población, tuvo un notable impacto en la alimentación del Homo sapiens en el Mesolítico

La  fuente de alimento principal se había esfumado y las estrategias para poder alimentar a tantas bocas en un medio ambiente tan diferente debieron modificarse. Al cazador-recolector del mesolítico no le quedó otra opción que ampliar y diversificar la dieta en lo que ha llegado a denominarse como la revolución de amplio espectro. Esta revolución no es más que la ampliación dietética más drástica de la que se tiene constancia. Y le salió bien la jugada, muestra de ello es que durante este periodo se produjo alimento suficiente que permitió un crecimiento continuado de la población, la cual llegó a sedentarizarse y a habitar en aglomeraciones en lugares como Próximo Oriente. 

CAZA DE PEQUEÑOS ANIMALES

A falta de animales de mayor tamaño, mucho más rentables desde el punto de vista del coste/beneficio, el hombre sabio comenzó a cazar una variedad enorme de pequeños y más escurridizos mamíferos, como el conejo y la cabra

Por lo visto no desperdiciaron ningún recurso, por muy poco deseable o rentable que fuera, tanto es así que incluso los caracoles fueron del gusto de sabio. En las zonas costeras el marisco y el pescado se convirtieron en la fuente primordial de proteína. Y en las regiones de interior se introdujeron en la carta un sinfín de especies de aves, como el faisán y la paloma, e incluso los reptiles.

Alimentación del Homo sapiens en el Mesolítico

La extinción de los grandes mamíferos obligó al ser humano a cazar animales de menor tamaño

MAYOR DEPENDENCIA DE RECURSOS VEGETALES

Como sucede siempre que la dieta se amplía, la explotación de recursos vegetales se intensificó. Los productos de origen vegetal adquirieron mayor importancia en la alimentación del Homo sapiens en el Mesolítico. Se introdujo en la dieta todo tipo de gramíneas silvestres, muy abundantes desde la finalización de la último periodo glacial, así como frutos, tubérculos, etc.

Ni que decir tiene que, pese a que no hubo rincón que escapara a la transformación climática y medioambiental, los cambios dietéticos no fueron idénticos en todo el planeta. Aunque la gran incorporación de productos de origen vegetal a la dieta mesolítica fuera la norma, hay que decir que hubo regiones más cálidas, como Oriente Próximo, en que dependieron básicamente de las fuentes vegetales de alimento.

Sin embargo, la carne siguió jugando un papel principal en latitudes más extremas. Lo mismo que sucede con los cazadores-recolectores de la actualidad, entre las sociedades del mesolítico existieron marcadas divergencias dietéticas. Tal como predice la regla de aplicación universal, que no nos cansaremos de mencionar: las proporciones de alimentos de origen animal y vegetal varían según el lugar y el tiempo.

Recolección de gramíneas salvajes en el Mesolítico

Recolección de gramíneas salvajes en el Mesolítico

ESTRATEGIAS NOVEDOSAS E INNOVACIÓN TECNOLÓGICA

Con el objeto de introducir en la dieta una gran variedad de especies animales y vegetales, el hombre sabio se las tuvo que ingeniar para idear inéditas técnicas y artilugios tecnológicos para la caza y la pesca.

Como el arte cinegético en el bosque es bastante más complejo, requirió de la ayuda del perro. Este increíble animal procede de la domesticación del lobo en Europa oriental hace entre 20000 y 30000 años. Desde ese momento y en aquel remoto tiempo, el perro se convirtió en fiel amigo del ser humano.

Se construyeron embarcaciones de madera y pieles, que usó para la pesca lejos de la costa. También fabricó trineos -que eran tirados por los fieles amigos-, recipientes de cerámica, aparejos de pesca -como las redes-, hoces y cuchillos de hueso. Aunque algunos instrumentos de caza, como el arco y las flechas, habían sido diseñados en el Paleolítico, durante el Mesolítico se perfeccionaron y su uso se extendió. Asimismo, la industria lítica se perfeccionó y se adaptó a las nuevas necesidades: fabricaron puntas de flecha, raspadores, anzuelos, etc.

Cazador mesolítico y su amigo fiel

GRANOS Y SEMILLAS

Durante mucho tiempo ha existido consenso científico sobre el momento en que nos iniciamos en el consumo de los cereales. Nos enseñaron que el hombre sabio comenzó a comer esporádicamente cereales salvajes durante el Mesolítico, justo después de finalizar la última glaciación. No obstante, nuevas pruebas demuestran que tal afirmación no es cierta. Nos alimentamos de cereales desde mucho antes y en cantidades nada despreciables. Sobre todo en latitudes más cálidas. Además, como revelaremos en el último epígrafe, incluso podríamos haberlos cultivado.

Investigadores de la universidad de Florencia han descubierto en yacimientos arqueológicos de Italia, Rusia y República Checa evidencias del procesamiento de cereales. así como de la confección de pan y gachas hace más de 30000 años.

Eso no es todo. En yacimientos de Mozambique, un arqueólogo de la universidad de Calgary ha encontrado restos de almidón en diferentes herramientas de piedra, junto a granos de sorgo silvestre. Este descubrimiento nos conduce a la conclusión de que el hombre sabio ya molía cereales para obtener la fécula hace más de 100000 años.

¿INICIO DE LA AGRICULTURA?

La certidumbre que hasta ahora teníamos sobre el inicio de la agricultura en el Neolítico se tambalea a la luz de los nuevos hallazgos.

Recientemente, en un yacimiento israelí a orillas del mar de Galilea, se han hallado indicios, con una antigüedad de unos 23000 años (al inicio del máximo glacial de la última glaciación), que sugieren que el hombre sabio, pese a continuar subsistiendo por medio de la caza y recolección, ya poseía los conocimientos técnicos para la domesticación de las gramíneas salvajes. Es decir, existen huellas de un nacimiento más antiguo de la agricultura.

A la luz de estos descubrimientos puede afirmarse que la semilla de la revolución neolítica ya estaba germinando en el mesolítico, periodo en que la agricultura constituyó un modo de subsistencia significativo en las latitudes medias. 

CONCLUSIÓN

Nuevamente se demuestra que son las condiciones materiales, variables según el tiempo y el espacio, las que definen la dieta humana. 

P´REZ&MÜLLER

Alimentación en el Mesolítico: recipientes de piedra y molinos de mano.

Recipientes de piedra y molinos de mano del Mesolítico

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