CÓMO CREAR UN BOTIQUÍN DE PRIMEROS AUXILIOS

Cómo crear un botiquín de primeros auxilios
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Una de las partes más importantes de la preparación de un equipo para sobrevivir al Apocalipsis, es crear un kit individual o botiquín de primeros auxilios (Individual First Aid Kit – IFAK). En este artículo le enseñaremos cómo prepararlo.

HISTORIA DEL BOTIQUÍN DE PRIMEROS AUXILIOS

Como habrá podido imaginar, la historia de este pequeño elemento médico básico está unido íntimamente a los conflictos bélicos de la Humanidad. A lo largo de la historia, los pueblos o naciones se preocuparon por la salud de sus combatientes, porque de ellos dependía su soberanía o su imperio.

Los galenos encargados de la salud de los ejércitos no sólo tenían que preocuparse por prevenir o tratar las enfermedades que diezmaban a sus soldados, sino que también debían tratar las graves lesiones ocasionadas en las batallas. Desde traumatismos físicos ocasionados por objetos contundentes como porras o palos, hasta heridas por arma blanca como espadas, dagas, navajas y lanzas. También, lesiones por armas arrojadizas de gran velocidad, contundentes y/o afiladas: hondas, catapultas (de gran tamaño), arcos y ballestas.

Con la invención de la pólvora por la civilización china, se pasó de emplear estos anticuados elementos beligerantes al uso de proyectiles de armas cortas, largas o elementos de artillería. Del revólver y la pistola, a mosquetes, fusiles o ametralladoras; morteros, cañones sin retroceso, artillería autopropulsalda o los modernos misiles lanzados desde multiplataformas: tanto los de pequeña entidad (uno contracarro filoguiado) como los de crucero (para largas distancias intercontinentales). Asimismo, se empezaron a utilizar artefactos explosivos improvisados (IED), bombas, bombetas o granadas, lanzadas tanto a mano como por pequeños cañones con un tiro curvo de más de 45º como los morteros.

EL BOTIQUÍN DE PRIMEROS AUXILIOS EN EL ANTIGUO EGIPTO

– Botiquín – es la pequeña caja donde se guardan medicinas. Proviene de la palabra – botica – (ya prácticamente en desuso puesto que se sustituyó por el término – farmacia –). A su vez es el establecimiento donde se preparan y venden medicamentos químicos tanto industrializados como productos farmacéuticos desarrollados por el mismo farmacéutico o – boticario -. Así mismo – farmacia – proviene del griego – apotheke – (ἀποθήκη), como bodega o almacén.

Ya los encargados de la salud de los combatientes en el Antiguo Egipto, empezaron a utilizar algo parecido a un botiquín de primeros auxilios. Portaban unos pequeños contenedores con el objetivo de desplazar de un sitio a otro los incipientes instrumentos médicos de cirugía, sobre todo, sierras para cortar huesos. Las lesiones más habituales eran las lesiones que ocasionaban profundos cortes o cuasi amputaciones de miembros, así que dicho contenedor era llamado – la caja del serrucho -.

Estos iniciales botiquines pasaron a otras culturas y pueblos como los griegos y los romanos. 

HOSPITALES DE CAMPAÑA EN LA ESPAÑA MEDIEVAL

Un hospital de campo, más conocido como hospital de campaña, es una instalación médica móvil que se ubica en las proximidades de una zona de combate o de un lugar donde se ha producido un desastre. Allí se atiende in situ a los heridos, de manera provisional. Desde la antigüedad se conocía el hecho de que una persona con heridas graves fallecería sin una pronta atención médica, sobre todo con hemorragias o politraumatismos. Y también durante el transporte hasta un lugar donde poder ser atendido.

Por esta razón se empezaron a crear estructuras que auxiliaban a los heridos provisionalmente, lo más cerca posible del campo de batalla. Los primeros antecedentes los encontramos con la reina Isabel la Católica, que, durante las campañas militares de su marido Fernando el Católico, se hacía acompañar de personal médico y ayudantes para atender a los soldados heridos. 

Y sobre todo, la creación de equipos con material sanitario fácilmente transportable. Este hecho se considera el punto de partida de la sanidad militar española, aunque los romanos ya contaban con una organización encargada de evacuar a los heridos y transportarlos hasta las enfermerías. De la batalla de Toro (Zamora – España) y la toma de Granada (España) datan los primeros hospitales de campaña, con el botiquín de primeros auxilios como elemento regulado. Concretamente, durante la conquista de Granada, se dispuso un hospital de campaña fijo en Alhama de Granada y dos móviles, en Baza y el Real de Santa Fe.

Isabel I, creadora del primer hospital de campaña en la Batalla de Toro

Isabel I, creadora del primer hospital de campaña en la Batalla de Toro.

EL ORIGEN DEL BOTIQUÍN DE PRIMEROS AUXILIOS EN EUROPA

El primer botiquín de primeros auxilios moderno fue creado por un médico alemán, Wilhelm Wienerschnitzel, quien se asoció con el ingeniero ruso Dimitri Ivanovich Votikyn para realizar una producción a nivel industrial de estos recursos sanitarios básicos, para dar los primeros auxilios.

El ruso fue más espabilado y se quedó con varias patentes, obligando a Wienerschnitzel a desarrollar otra versión con modificaciones, para no incumplir la ley de patentes. 

EL ORIGEN DEL BOTIQUÍN DE PRIMEROS AUXILIOS EN USA

En 1886 Robert Wood Johnson, decidió fundar su archiconocida Johnson & Johnson, después de una charla con el jefe de cirugía del ferrocarril Denver-Río Grande, mientras viajaba a bordo del tren que le llevaba a Colorado. Como consecuencia de la falta de suministros médicos, tan necesarios para tratar las lesiones profesionales ocasionadas, ideó desarrollar un negocio. No sólo existían grandes riesgos en la construcción de las vías férreas, sino que además se agravaban por el hecho de las grandes distancias hasta los hospitales.

A partir de esta conversación, Robert vio la oportunidad de progresar en el campo de la salud, creando su negocio. Y de esta necesidad moderna, nació el botiquín de primeros auxilios comercial en USA.

Publicidad del botiquín de primeros auxilios de Johnson & Johnson

Publicidad del botiquín de primeros auxilios de Johnson & Johnson

Las cifras de decesos laborales eran enormes (más de 10.000 trabajadores muertos por año en la década de 1880-1890). La expansión hacia el oeste americano, lejos de los hospitales, dificultaba la atención médica. Estamos hablando de una construcción de más de 110.000 km en pocas décadas, en zonas rurales y a menudo escarpadas, por lo que la estadística de accidentes fue devastadora. Pero no sólo entre los trabajadores, sino también entre los maquinistas y operadores ferroviarios.

Como el trabajo en las locomotoras de vapor era tan peligroso, se destinaron cirujanos en los trenes. Más tarde, vagones médicos para tratamiento, dado que lo más normal era que los trabajadores heridos murieran casi siempre antes de llegar a una dependencia hospitalaria. Estamos hablando de largos recorridos  de hasta 2.000 km, sin ningún hospital en su recorrido.

NO SÓLO NUEVOS MÉTODOS

Estos cirujanos aprendieron con la práctica, improvisando tratamientos, puesto que no existía literatura médica sobre el tipo de lesiones traumáticas que se encontraban. Patologías poco conocidas como el síndrome de aplastamiento, conocido en aquella época con el nombre de – extremidades aplastadas -, eran bastante comunes.

Estos hombres fueron pioneros. Crearon nuevos protocolos médicos y la nueva cirugía estéril de Joseph Lister. Sin embargo, poner en práctica esta teoría y mantener las heridas libres de gérmenes resultó ser un reto. Inicialmente, pocos tenían quirófanos o suministros antisépticos. Incluso después de que los cirujanos ferroviarios convencieran a las empresas para que construyeran hospitales y entornos estériles en el Oeste, el número de víctimas mortales siguió siendo alto.

Los cirujanos y los escasos socorristas entrenados constituían los únicos elementos asistenciales con que contaban. Los trabajadores no estaban instruidos sobre higiene y menos en cuidados de heridas, pero eran los primeros en actuar ante las eventualidades. Así que la mayoría de las veces causaban más daño que bien hacían (sobre todo en el manejo de las lesiones traumáticas vertebrales y en el tratamiento inicial de las heridas al contaminarlas).

EL BOTIQUÍN DE PRIMEROS AUXILIOS DE JOHNSON & JOHNSON

Cuando Robert Wood Johnson se enteró, tuvo la idea de envasar los productos quirúrgicos estériles de Johnson & Johnson en cajas. Así se podían guardar para que los trabajadores del ferrocarril pudieran tratar las lesiones. Johnson escribió a los principales cirujanos ferroviarios pidiéndoles consejo sobre lo que necesitaban en los kits.

Luego llamó al farmacéutico Fred Kilmer, director científico de su empresa, para buscar una solución. Kilmer ideó el primer botiquín de primeros auxilios de Johnson & Johnson en 1888, por la necesidad de contar con material fungible médico estéril y como una forma de solventar el lapso entre la lesión y el tratamiento.

Botiquín de primeros auxilios de Johnson & Johnson (fíjese en el manual de primeros auxilios)

Botiquín de primeros auxilios de Johnson & Johnson (fíjese en el manual de primeros auxilios)

DEL BOTIQUÍN DE PRIMEROS AUXILIOS AL IFAK

Un kit individual o botiquín de primeros auxilios es un pequeño equipo personalizado y personalizable, compuesto de material duradero, resistente, ligero e impermeable (habitualmente de cordura®). Suele contener material sanitario fungible para el tratamiento de las lesiones traumáticas que ponen en riesgo inminente la vida. Estos kits, conocidos en el mundo anglosajón como Individual First Aid Kit o IFAK, evolucionaron a medida que mejoraba la comprensión de los primeros auxilios y se estudiaba la naturaleza de los riesgos.

JOHNSON & JOHNSON

Como hemos visto, el primer registro moderno del botiquín de primeros auxilios fue el de Johnson & Johnson de 1888. No sólo preparó botiquines para tratamientos en estaciones de ferrocarril o para los vagones medicalizados, sino también para trabajadores ferroviarios.

Botiquín de primeros auxilios de la vías férreas

Botiquín de primeros auxilios usado en las vías férreas (R.R.) de New York Central (N.Y.C.) y el río Hudson (H.R.) en Albany (Estado de New York) de 1890.

Comercializó diversas presentaciones del botiquín de primeros auxilios, incluyendo los destinados para el uso doméstico, para viajeros y edificios públicos y más tarde, para automóviles y aviones, etc. Y fueron también pioneros en incluir los primeros manuales de primeros auxilios.

USO MILITAR DEL BOTIQUÍN DE PRIMEROS AUXILIOS

Al principio del post vimos la íntima unión entre el botiquín de primeros auxilios y la milicia. Desde sus orígenes, los ejércitos se preocuparon por sus combatientes. De la – caja de serrucho – del antiguo Egipto hasta los modernos IFAK, los botiquines han ido evolucionando.

Pero siempre se han preparado en virtud del tipo de heridas esperables en combate. Las bajas en combate suelen morir por las mismas causas, ya sea por una espada o por la explosión de un IED

Durante la Edad Media en Europa, a los soldados de los Tercios españoles en Flandes, se les pedía que antes del combate durmiesen bien, vistiesen ropas limpias y no comiesen, puesto que los cirujanos comprobaron que de esta forma, las lesiones que requerían cirugía evolucionaban mejor y no se infectaban tanto.

EL TORNIQUETE

El origen del torniquete era conocido desde la antigua Roma. Fue el resultado de la necesidad de control de la hemorragia durante las amputaciones quirúrgicas realizadas por los cirujanos en el campo de batalla. En el s. XIV, Guy de Chauliac utilizaba una banda apretada proximalmente y sobre el lugar de la amputación para reducir el dolor y cortar la hemorragia.

En el s. XVI, Ambroise Paré (1510-1590) acuñó por primera vez el término – torniquete recomendándolo para el uso quirúrgico. En el mismo siglo, Leonardo Botallo enseñó que al usar tres bandas constrictoras bien apretadas para realizar las amputaciones, se controlaba mejor la hemorragia. Y Wilhelm Fabry (1560-1634) introdujo el palo para apretar el torniquete sobre el lugar de la amputación.

En el s. XVII, en la batalla de Flandes (1674), Etienne Morel utilizó un torno con giro sobre un palo (tortor), con el objeto de apretar aún más una banda de constricción. Muchos de los diseños modernos actuales incluyen un dispositivo de torno para facilitar el ajuste de la tensión.

Así, gradualmente, con el paso del tiempo, los torniquetes fueron modificados y mejorados.

HISTORIA MILITAR DEL TORNIQUETE

El torniquete tiene una rica tradición histórica en la medicina militar, a diferencia de lo que ocurre en el ámbito civil.

La Guerra de Secesión

Los torniquetes fueron incluidos en los equipos quirúrgicos de la guerra de Secesión estadounidense (1861-1865) y usados por ambos bandos. A los soldados se les enseñó a llevar algún tipo de rodillo o pañuelo con un palo acompañante para usar como molinete. Hubo muy poco entrenamiento en el manejo apropiado de torniquetes y, a veces, su empleo excesivo ocasionó daños innecesarios en extremidades.

Uno de los interesantes relatos médicos de esta fraticida guerra, fue la muerte del General Albert Sydney Johnston, de los Confederados. Fue herido en un duelo en 1837, dejándolo con aparentes daños neurológicos en un miembro inferior. Este hecho, aparentemente sin importancia, parece que pudo haber influido en el resultado de la guerra y, por tanto, en la historia (Albert Sidney Johnson, Bull Am Coll Surg, 83 – 1998, pp. 15-23). El detalle fue crucial cuando en la batalla de Shiloh (1862), estando al frente de sus tropas, recibió un impacto por arma de fuego en dicha pierna. Al no percartarse de tal situación (por los previos antecedentes neurológicos) se desangró y murió. Se dice que falleció con un torniquete en el bolsillo.

Controversia

Paradójicamente, es posible que la controversia respecto al uso del torniquete se originara en esta misma guerra. La colocación de un torniquete durante un período prolongado hasta la asistencia definitiva, daba lugar con frecuencia a complicaciones sistémicas graves. Este hecho hizo que algunos cirujanos consideraran que era más seguro dejar que el miembro sangrara.

Los torniquetes han constituido un elemento estándar en los equipos de medicina militar, aunque también ha habido un rechazo a utilizarlos, excepto en las circunstancias más extremas. En la década de los sesenta hubo incluso iniciativas para eliminarlos de los equipos médicos y de los currículos formativos de los profesionales de la sanidad militar.

Es decir, hubo ciclos en los que el torniquete fue inicialmente bienvenido en el ámbito militar. En otros momentos, perdió popularidad debido a la errónea percepción de su utilización inadecuada y, como resultado, muchas personas que podrían haber sido salvadas, fallecieron a consecuencia de hemorragias potencialmente controlables.

Guerra de Vietnam

Este ciclo uso-desuso se ha repetido hasta que el análisis de los datos de mortalidad correspondientes a la guerra de Vietnam dio lugar a un interés renovado por el empleo del torniquete. Los estudios concluyeron que se podría haber evitado un porcentaje importante de víctimas de combate, si se hubiera utilizado un torniquete.

En uno de los estudios realizados a este respecto, se estimó que la aplicación apropiada y a tiempo de un torniquete, habría salvado la vida de 3421 combatientes de los que fallecieron debido a hemorragias exanguinantes, sobre todo de extremidades (Maughon JS. “An inquiry into the nature of wounds resulting in killed in action in Vietnam”. Mil Med. 1970;135:8–13).

Experiencia actual

La experiencia más reciente ha reforzado la doctrina sobre el uso habitual del torniquete en el contexto militar. Las técnicas modernas de combate dan lugar a tasas elevadas de traumatismos en las extremidades Este hecho, en combinación con el reconocimiento de que muchas de las personas que fallecen por heridas en el combate podrían haber sobrevivido si se hubiera utilizado un torniquete para interrumpir la hemorragia, constituye el fundamento para su uso en las condiciones modernas de combate.

Este fundamento queda reforzado adicionalmente por las circunstancias en las que tiene lugar una parte importante de la asistencia prehospitalaria durante un conflicto militar. Las acciones hostiles, las condiciones ambientales desfavorables, los tiempos frecuentemente prolongados de evacuación sanitaria, la austeridad de la logística, y la existencia de víctimas múltiples, en un contexto de capacidades limitadas de clasificación y de tratamiento, son elementos que apoyan el uso oportuno de los torniquetes. Hay que tener en cuenta que en algunas ocasiones, poco frecuentes, estas condiciones se dan también en los contextos civiles en los que actúan los SEM (Servicios de Emergencia Médica).

En la actualidad, todos los ejércitos del mundo incluyen el torniquete en su botiquín de primeros auxilios individual y forman a sus combatientes para que lo sepan utilizar adecuadamente.

Sin duda use el torniquete

La regla nemotécnica utilizada en el contexto del soporte vital traumatológico prehospitalario (PHTLS) es actualmente – MARCH – (hemorragia masiva, vía aérea, respiraciones, circulación e hipotermia). El hecho de que la M (Massive Hemorraghe) se encuentre en primer lugar del algoritmo se debe al reconocimiento de que la amenaza principal para la supervivencia en el campo de batalla es la hemorragia masiva. Y este problema debe atenderse de manera rápida, mediante el uso de torniquetes y agentes hemostáticos.

Torniquete usado en Vietnam

Modelo de torniquete de hebilla (bucket tourniquet) usado en Vietnam por el U.S. Army y USMC.

LAS SULFAMIDAS LO CAMBIAN TODO

Hasta la WW II, el sanitario de una unidad militar prácticamente sólo portaba en su botiquín de primeros auxilios, vendas y gasas y en algunos casos, torniquetes. Pero fue durante esta campaña bélica mundial, cuando empezaron a usarse analgésicos opiáceos (morfina) y sobre todo las sulfamidas, agentes bacteriostáticos (impiden el desarrollo bacteriano).

Antes de la introducción de los compuestos antibacterianos o de los antibióticos modernos, la infección era una de las más importantes causas de mortalidad tras una herida en la WW I. En esta contienda, los médicos sólo disponían de agua salada y alcohol para lavar las heridas. Se comprendía la infección, pero se carecía de la capacidad para tratarla. Eso cambió en la WW II.

LAS SULFAMIDAS EN EL EJE

Bajo el título de “Contribución a la quimioterapia de las infecciones bacterianas”, el científico alemán Gehrard Domagk (discípulo de Paul Ehrlich) demostró que un producto químico derivado del azufre, contenía extraordinarias propiedades bacteriostáticas. Así, los soldados alemanes que participaron en esta contienda trataron sus heridas con Prontosil, que a modo de – bala mágica – eliminaba a las ya conocidas bacterias, sin dañar a las personas.

Protonsil para el tratamiento de las infecciones

Imagen curiosa de un tubo de comprimidos (vía oral) de Prontosil de la farmacéutica alemana Bayern. Pertenece a un botiquín de primeros auxilios de un soldado ruso (con su prospecto).

LAS SULFAMIDAS EN EL EJÉRCITO ALIADO (USA)

Los americanos fabricaron un polvo de sulfamida, la sulfanilamida (característico polvo blanco), tanto para aplicación tópica (directamente, localmente) en las heridas, como para consumo oral en forma de tabletas de sulfamida con el objeto de prevenir la disentería. La sulfamida reducía el riesgo no sólo de infecciones en pequeñas heridas contusas e incisas, sino también de muerte por heridas graves, como las de arma de fuego.

La disentería era endémica en el Pacífico Sur y las tropas americanas, con dicho tratamiento, eran más capaces de combatir eficazmente esta enfermedad y seguir siendo operativos. Sin embargo, las tropas japonesas que no tenían acceso a la medicación, se vieron considerablemente mermadas por esta terrible infección intestinal. Debido a esto, la sulfanilamida desempeñó un papel esencial en la salud de las tropas americanas en la WW II. Fue un factor clave en la victoria aliada y un elemento fundamental en el botiquín de primeros auxilios.

Tabletas de sulfanilamida del ejército USA

Pequeña caja de sulfanilamida de 12 tabletas, del botiquín de primeros auxilios de un soldado del U.S. Army.

LOS PRIMEROS BOTIQUINES DE PRIMEROS AUXILIOS MODERNOS

Para realizar su tarea, los sanitarios en la WW II solían portar un botiquín de primeros auxilios repartido en dos o más mochilas pequeñas. Trasportaban el material sanitario duplicado, de forma que sí perdían una mochila podían encontrar todo el material en la otra. También podían, en los casos necesarios, entregar una mochila a otro sanitario o soldado y continuar ellos por otro lado.

Principalmente consistía en:

  • Ácido acetilsalicílico u otro tipo de analgésico: Llevaban ingentes cantidades de tabletas para su uso como analgésico. 
  • Esparadrapo. Por metros, servía para casi cualquier cura.
  • Etiquetas y lápiz. Los sanitarios catalogaban a los heridos en función de su gravedad (clasificación o triaje). Hacían una marca en una etiqueta que sujetaban al cuerpo de la baja.
  • Imperdibles de varios tamaños: En ocasiones, eran el sustituto de los puntos quirúrgicos y aunque no era una técnica muy ortodoxa, sujetaban una herida el tiempo suficiente para llegar al hospital. También se usaban para enganchar las etiquetas.
  • Instrumental quirúrgico: Un bisturí, algunas tijeras, separadores y pinzas hemostáticas. Este material se utilizaba en casos extremos cuando peligraba la vida de la baja (clampar un vaso sangrante o extraer un proyectil).
  • Morfina: Se suministraba, generalmente, en ampollas autoinyectables. Para evitar la muerte por parada respiratoria (depresor del SNC), los soldados sólo contaban en su botiquín de primeros auxilios con una ampolla de morfina. Si necesitaban más, tenía que administrársela un sanitario.
  • Preparados de iodo: Se utilizaba como desinfectante en las heridas. Tenían el riesgo de que sus vapores podían hacer perder la consciencia al sanitario.  
  • Sulfamida o derivados.
  • Termómetro de mercurio: Generalmente acababa roto.
  • Ungüentos para las habituales quemaduras: Se fabricaban con ácido bórico.
  • Vendas: De varios tamaños y tipos. Se incluían unas especialmente preparadas para los ojos. Las lesiones oculares por explosiones eran frecuentes y las vendas se usaban para que las bajas no movieran los ojos hasta su llegada al hospital.

UN EQUIPO MUY COMPLETO

Para completar el equipo, disponían de:

  • Camilla, generalmente de tela y enrollada sobre los palos: Cada dos sanitarios llevaban una. Algunos ejércitos tenían un modelo sin andas (los palos) pero diseñado específicamente para introducir los fusiles.
  • Cantimplora extra: Además de la propia, los sanitarios solían cargar con una segunda cantimplora para dar agua a los heridos.
Botiquín de primeros auxilios de la WW II

Botiquín de primeros auxilios de la WW II.

LOS ACTUALES IFAK

Después de Vietnam, la sanidad militar USA comenzó a comprender la importancia de la atención temprana en la misma zona de combate. No sólo debía instruir a sus soldados en técnicas de asistencia sanitaria, sino que los debía dotar de un botiquín de primeros auxilios individual o IFAK. El protagonista fundamental siempre es desde entonces el torniquete. 

EL TCCC Y LA IMPORTANCIA DEL BOTIQUÍN DE PRIMEROS AUXILIOS INDIVIDUAL (IFAK)

El entonces Capitán médico Frank K. Butler, se percató tras los incidentes en Mogadiscio (1993), donde un Black Hawk fue derribado, que debían regularse los protocolos asistenciales, pero también el material sanitario a portar.

Había nacido el TCCC (Tactical Combat Casualty Care) o asistencia a la baja en ambiente táctico de combate. El nuevo concepto TCCC (2001) revolucionó el manejo del herido en combate en un entorno táctico prehospitalario. Iniciado por el Naval Special Warfare Command (Comando de Guerra Naval Especial) en 1993 y continuado posteriormente por el USSOCOM (U.S Special Operations Command o Comando de Operaciones Especiales USA), en la actualidad ha sido aceptado por casi todos los países.

La asistencia del herido en combate debe ser la mejor combinación posible de una buena medicina con una buena táctica militar. Los cuidados específicos en los escenarios tácticos dependerán de la situación táctica y de las lesiones que presente el herido. Pero, sobre todo, de dos elementos clave.

  • De los conocimientos y la destreza del primer interviniente.
  • Del equipo sanitario que se tenga a mano: el IFAK o botiquín de primeros auxilios individual.

TCCC

 

CAUSAS DE MUERTE EVITABLE EN COMBATE

Los tres elementos a tener en cuenta a la hora de preparar e individualizar un botiquín de primeros auxilios, son las tres causas de muerte evitable en combate. Cuando nació el TCCC, una de las claves a la hora de analizar los puntos importantes, fue el estudio estadístico. Así se demostró, mediante números, de qué morían los combatientes y en qué circunstancias. Pero sobre todo, se averiguó cuáles de las causas podían ser evitadas, con una instrucción sanitaria no facultativa y con el mínimo material sanitario.

Hacía años que el Teniente Coronel Médico Nicholas Senn (1844-1908), fundador de la Association of Military Surgeons of the United States (Asociación de Cirujanos Militares de los USA) y de la American Medical Association (Asociación Médica Americana), había refrendado la importancia de la primera asistencia sanitaria o asistencia por el primer interviniente.

El destino del herido está en manos del que le coloca la primera venda - Nicholas Senn Clic para tuitear

Así que, una vez analizadas las estadísticas, se identificaron tres posibles causas de muerte evitable. Es decir, tres posibilidades clínicas en las que se puede evitar la muerte, con un tratamiento precoz y con el mínimo material. En la actualidad, estadísticamente, éstas son dichas causas:

  • Hemorragias exanguinantes de extremidades, de la unión de los miembros al tronco y las no comprimibles (como una abdominal por arma de fuego): 80 %.
  • Neumotórax a tensión: 5-10 %.
  • Obstrucción de vía aérea: 10-15 %.

QUÉ DEBE CONTENER UN BOTIQUÍN DE PRIMEROS AUXILIOS

Conociendo cuáles son esas tres causas de muerte evitable en combate, ya sabemos qué debe contener, como mínimo, un botiquín de primeros auxilios.

  • Elementos para el control de hemorragias. 
  • Dispositivos para no agravar un neumotórax o drenarlo provisionalmente hasta el tratamiento definitivo.
  • Mecanismos para actuar frente a la obstrucción de la vía aérea.

CONTROL DE LA HEMORRAGIA

Es el elemento vital del botiquín de primeros auxilios, así que siempre debe contener:

  • Torniquete (patentado): El más famoso es el C.A.T.™ Gen 7 (7ª generación). Se usa para el control de la hemorragia en extremidades. No estaría de más llevar más de uno.

  • Agente hemostático: En forma de polvo (como el Celox™ Granules), de vendas impregnadas, o de jeringas (como el Celox™-A o el X-Stat® 30 Gen 2). El más recomendado es el Combat Gauze®. Es importante remarcar que todos los agentes hemostáticos, sean del tipo que sean (caolín, chitosan, etc), necesitan de presión directa en la herida un mínimo de 3´ para que sean efectivos.

  • Venda de compresión hemostática: El llamado vendaje israelí o ETD (Emergency Trauma Dressing). Se usa para complementar la acción de los agentes hemostáticos.

  • Paquetes de gasa.

Compresa de gasa

 

TRATAMIENTO DEL NEUMOTÓRAX A TENSIÓN

El neumotórax a tensión es una entidad clínica en la que la vida del paciente corre peligro. Si no se resuelve, la baja puede fallecer en cuestión de minutos.

  • Sellos torácicos c/válvula: Para evitar que un neumotórax abierto (con herida en la pared torácica) se transforme en uno a tensión, se usan los parches torácicos. La última actualización de las guías TCCC recomienda los parches torácicos ventilados (c/válvula). El más usado es el HyFin® Vent.

  • Sellos torácicos s/válvula: Si no dispusiera de sellos con la válvula unidireccional para el drenado del neumotórax, podría usar uno sin válvula. Dicha válvula sólo permite la salida de aire desde el interior de la cavidad torácica hacia el exterior. Como el HyFin® Occlusive Chest Seal (más antiguo que el ventilado).

  • Aguja de descompresión torácica: La solución urgente del neumotórax a tensión es el drenado del aire que ha ido ocupando la cavidad torácica y amenaza el latido cardiaco. Debido al desplazamiento del corazón y de los grandes vasos del mediastino, el paciente corre el riesgo de entrar en parada cardíaca. O se drena o el paciente muere. La más conocida es la ARS® de NAR. Evidentemente, el uso de este dispositivo médico, requiere un mínimo de instrucción, así que si no tiene este elemento en su botiquín de primeros auxilios, tampoco se estrese.

TRATAMIENTO DE LA OBSTRUCCIÓN DE LA VÍA AÉREA

  • Cánula nasofaríngea: Lo más usual es la parada respiratoria de una baja inconsciente al ser obstruida la orofaringe por la propia lengua, que cae hacia atrás al perder el tono muscular. Para solventar este problema se pueden usar tanto las cánulas orofaríngeas (de Guedel o tubo de Mayo) como los cánulas nasofaríngeas (CNF o NPT en inglés). Estas últimas son más cómodas de transportar (por su pequeño tamaño) y se pueden emplear en pacientes conscientes y semi-inconscientes.

  • Kit de vía aérea percutánea: Al igual que con la descompresión torácica con aguja para resolver un neumotórax a tensión, la obstrucción completa de la vía aérea requiere el uso de una técnica invasiva. Por tanto, precisa instrucción sanitaria (no se estrese si dispone de este kit). Se trata de la punción cricotiroidea o la cricotiroidotomía. Ambas son técnicas percutáneas que abren una vía aérea de emergencia en la laringe, a través de la piel. Permiten a la baja llegar con vida a una unidad de tratamiento médico y solventar definitivamente el problema. La técnica recomendada por el comité de TCCC es la cricotiroidotomía mediante el Cric-Key™.

MATERIAL COMPLEMENTARIO

Además de lo que acabamos de ver, debería llevar en su botiquín de primeros auxilios.

  • Un par de guantes: De látex, vinilo o nitrilo (estos últimos más resistentes).
  • Combat Pill Pack o Ranger Pill Pack: Se trata de un paquete de medicación oral para el tratamiento del dolor y la prevención de la infección en heridas y traumatismos. Se toma todo el pack. Contiene:
    • Paracetamol (acetaminophen) de 1 gr. (1 gr. cada 8 h.), analgésico y antipirético.
    • Meloxicam de 15 mgr. (1 cápsula al día), antiinflamatorio que complementa la acción analgésica del paracetamol.
    • Moxifloxacino de 400 mgr (1 comprimido al día), antibiótico de amplio espectro de la familia de las quinolonas.
  • Fentanilo OTFC: Para el tratamiento del dolor de carácter severo, podría añadir a su IFAK, caramelos de  fentanilo OTFC (Actiq®) o transmucosa oral. De fácil manejo y uso, pero ya estamos hablando de opiodes, así que este tipo de medicación (con una capacidad analgésica unas 75 veces más potente que la morfina) necesita una receta especial y una instrucción para su manejo. Todo ello, debido a que puede producir náuseas y vómitos, pero sobre todo, depresión respiratoria con parada respiratoria:
    • Se suelen usar caramelos de 800 µg.
    • Se colocan entre la mejilla y las encías y se debe adherir el palo del caramelo a un dedo del paciente, para que se caiga y salga de la boca en el caso de aparición de depresión del S.N.C. (somnolencia, que es claramente identificable).
    • No se debe masticar porque su eficacia se reduce.
    • Se suele acociar la toma de algún antiemético (para prevenir los vómitos) como el ondansetrón, en forma de comprimidos bucodispersables de 4 mg.
    • Si el dolor severo persiste después de 15´, se puede aplicar un segundo caramelo.
    • Hay que vigilar la posible aparición de depresión respiratoria de la baja a la que se le haya aplicado OTFC y retirarle las armas que pudiera llevar.
  • Tijeras cortarropa: En condiciones, es decir, que corten bien y estén destinadas para tal uso.

  • Desinfectante de heridas (para uso tópico): povidona yodada o clorhexidina.
  • Esparadrapo.
  • Imperdibles.

CONCLUSIONES FINALES

Consiga su botiquín de primeros auxilios de tipo pernera, de mochila o de tipo riñonera. Puede comprarlo ya preparado o lo puede personalizar a su gusto (siempre mejor esto último). Esto que hemos visto es lo básico para un buen IFAK. Tener uno preparado y actualizado incrementa la posibilidad de sobrevivir a un evento traumático que ponga en riesgo su vida, la de alguien querido o la de cualquier ser Humano.

Desarrollo histórico del botiquín de primeros auxilios - IFAK de una marca del sector

Desarrollo histórico del botiquín de primeros auxilios – IFAK, de una marca del sector

 

MÜLLER&P´REZ

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