Paracelso, el sanador

LAS 7 REGLAS DE PARACELSO PARA UNA VIDA SALUDABLE

Theophrast Bombast von Hohenhein nació en Einsiedeln (actual Suiza) en 1493. Más tarde, en su afán de hacerse a sí mismo, modificó su nombre de pila (bautismal) por el de Philippus Aureolus Theophrastus Bombastus Paracelsus. Entre otras aportaciones, sería conocido para la posteridad por las 7 reglas de Paracelso.

Paracelso

Vivió durante el Renacimiento, una época de espíritus renovadores que trajeron consigo grandes transformaciones. El Humanismo, la Reforma protestante, la Contrarreforma,… alteraron el curso de la historia. Fue contemporáneo de ilustres figuras como Miguel Ángel, Copérnico, Kepler, Lutero, Erasmo de Rotterdam (al que curó de gota), Tomás Moro, etc. Su espíritu innovador estaba justificado.

LA JUVENTUD DE PARACELSO

La infancia de Paracelso transcurrió entre Einsiedeln, en los Alpes Suizos, y Villach, una región minera de Austria. Bajo la estricta supervisión de su padre, médico de profesión, se introdujo en el estudio de la medicina, las ciencias naturales, la metalurgia, los minerales y sus usos. En su juventud entró en contacto con el Abad Trithemius, de quién aprendió los misterios del hermetismo (para saber más aquí), doctrina filosófica originaria de Alejandría (s. II d.C) y que guardaba relación con la magia, el ocultismo, la astrología y sobretodo, con la alquimia (para saber más aquí).

Pasó por las universidades de Basilea y Viena. Se doctoró años más tarde en medicina en la univerdidad de Ferrara. Aunque se ha dicho que no llegó a finalizar sus estudios por ser un excéntrico polemista y chocar frontalmente con las autoridades establecidas de la época.

PROFESOR DE TEMPERAMENTO REVOLUCIONARIO

Durante un año, Paracelso fue profesor de la universidad de Basilea, pero tuvo que abandonar por el carácter revolucionario de sus enseñanzas. Parece ser que discutía con todos: magistrados, religiosos de cualquier confesión,… Arremetía contra la medicina académica de la época, el galenismo. Asestaba críticas inclementes y severas a la deshumanizada práctica médica y al racionalismo imperante. Las enseñanzas regladas universitarias no escaparon su censuras. Reivindicó el amor y la compasión hacia el paciente, defendió el uso de los remedios químicos, la búsqueda de los principios activos de los medicamentos y la recuperación de la sabiduría antigua, el conocimiento mágico y la astrología.

Llegó a quemar públicamente las obras de Galeno y Avicena y a decir extravagancias como:

“Os digo que el pelo de mi nuca sabe más que vosotros y todos vuestros escribientes, y los cordones de mis zapatos son más eruditos que vuestros Galeno y Avicena, y mi barba ha visto más que todas vuestras universidades.”

Según Paracelso, el verdadero aprendizaje no está en los libros

Según Paracelso, el verdadero aprendizaje no está en los libros

Su vida fue una auténtica paradoja. Por una parte, su conducta y propuestas revolucionarias le trajeron grandes enemigos, que lo tildaron de mago loco y filósofo desquiciado, y que le ocasionaron quebraderos de cabeza e incluso persecución. Pero por otra parte, tuvo no pocos tenaces defensores que le consideraban un genio innovador y un médico moderno. Es evidente que no se trataba de un borrego psíquico (léase ¿Es usted un borrego?

VIAJERO INAGOTABLE DURANTE 12 AÑOS

Viajó sin descanso por toda Europa, Asia Menor y Egipto. Llegó incluso a establecer contacto con los tártaros de Europa Oriental, movido exclusivamente por su anhelo y ansia de conocer y completar su formación médica. Pensaba que el conocimiento médico se adquiría no tanto en los libros como sobre el terreno.

Además de visitar las universidades e ilustrarse con sus eruditos, Paracelso se relacionó con curanderos, comadronas, barberos, nigromantes, vagabundos, gitanos, etc. De todos aprendía algo. Sin duda poseía un espíritu inconformista.

EL VASTO LEGADO DE PARACELSO

Quien quiera que se adentre en su extensísima obra descubrirá un mundo antitético, una visión paradójica del arte de curar. Los aspectos enigmáticos, misteriosos, místicos y herméticos de su obra contrastan con su cariz racionalista y moderno.

Dejó escritos sobre diversas disciplinas relacionadas con lo que él entendía como medicina. Escribió sobre el origen de las enfermedades, su desarrollo, sobre cirugía, e incluso sobre seres como Ninfos, Silbos, Sílfides, Gnomos, Salamandras, ángeles y demonios. Asimismo, las 7 reglas de Paracelso quedarían para la posteridad como una de sus más celebres prescripciones.

COSMOVISIÓN Y ETIOLOGÍA DE LAS ENFERMEDADES

Según la visión del mundo de Paracelso, el ser humano es un microcosmos tripartito, constituido por cuerpo, espíritu y alma, hecho a la imagen del macrocosmos (el cielo y la tierra) en el que se encuentra integrado.

El micrososmos posee la misma sustancia del macrocosmos

El micrososmos posee la misma sustancia del macrocosmos

En cuanto al origen de las enfermedades, divide las causas en cuatro:

  • Influjos del ambiente (clima, por ejemplo) y del cosmos (los astros), 
  • Los alimentos y demás sustancias que entran en el organismo,
  • La predisposición constitucional y hereditaria,
  • Acciones patógenas del pensamiento y la voluntad. Otorgaba una importancia fundamental a la influencia de la mente sobre el cuerpo.

EL VERDADERO MÉDICO SEGÚN PARACELSO

En su obra Liber Paragranum, Paracelso afirma que el buen médico debía ser recto, lleno de virtud y amor por los pacientes. Tenía que ser filósofo para conocer la tierra, de cuya esencia estaba hecho el ser humano. Asimismo, el conocimiento de la astrología debía permitir al médico discernir las influencias de las fuerzas cósmicas sobre la salud. Por último, el verdadero médico debía adentrarse en el arte de la alquimia, del conocimiento del cosmos, a través del cual pretendía encontrar no tanto la forma de convertir los metales innobles en otros preciosos, como el remedio para sanar todas las enfermedades.

“Es médico quien sabe de lo invisible, de lo que no tiene nombre ni materia, y sin embargo, tiene su acción”

LOS ARCANOS DE PARACELSO

Según Paracelso, las plantas y minerales poseían fuerzas ocultas inmateriales que debían extraerse a través de la tecnología alquímica. Descubrir el poder espiritual sanador, el verdadero principio activo de las cosas naturales, estaba sólo al alcance del médico divinamente inspirado y no en aquellos que basaban su conocimiento en los libros.

En su doctrina de las signaturas postulaba que el remedio para cada enfermedad está oculto en la naturaleza. Las plantas y minerales nos revelan su fuerza sanadora a través de signos y señales. Por ejemplo, la forma de una hoja o una semilla y su parecido con un órgano, podría curar la afección de este último (véase la nuez y su semejanza con el cerebro).

Propiedades de las nueces para el cerebro

PADRE DE LA FARMACOLOGÍA MÉDICA, LA HOMEOPATÍA Y LA ESPAGIRIA

Por último y para terminar, porque daría para un extenso libro resumir someramente la vida y obra de Paracelso, se le considera el padre de la farmacología moderna por su sentencia “Todas las sustancias son venenos, no existe ninguna que no lo sea. La dosis diferencia un veneno de un remedio”. Asimismo, su creencia en que “lo semejante se cura con lo semejante” le convierten también en precursor de la homeopatía. Se le atribuye la creación de la terapia espagírica, en la que usaba tinturas sumamente diluidas de vegetales recogidos en fechas determinadas para aprovechar las influencias astrológicas sobre ellos.

En resumen, Paracelso fue un iluminado y un viisionario. Un genio que advirtió la insuficiencia de los dogmas imperantes en la medicina académica, los combatió con el espíritu revolucionario que lo caracterizaba y creó todo un sistema médico nuevo, germen de la medicina y farmacia modernas, contrapuesto al galenismo reinante en la época. Y logró sanar a enfermos considerados incurables por la medicina de la época.

Paracelso y la alquimia

Y AHORA, PARACELSO Y SUS 7 REGLAS

La 7 reglas de Paracelso pueden considerarse un resumen de sus prescripciones médicas. Paracelso decía:

Si por espacio de algunos meses se observan rigurosamente las prescripciones que a continuación se dan, verás operar en tu vida un cambio tan favorable que jamás las abandonarás. Mas querido lector, para que obtengas el éxito deseado precisas, eso sí, que adaptes tu vida a la estricta observancia de estas reglas. Son sencillas y fáciles de seguir. Pero hay que observarlas con perseverancia bien sostenida ¿No crees que la dicha bien vale algún esfuerzo? ¿Si no eres capaz de seguir estas reglas tan fáciles, con qué derecho pudieras quejarte de tus fracasos? ¿Qué costaría hacer una prueba? Son reglas enseñadas por la más antigua sabiduría y hay en ellas más trascendencia de lo que su sencillez te lleva a suponer.

PRIMERA REGLA

Lo primero es mejorar la salud. Para ello hay que respirar con la mayor frecuencia posible, honda y rítmicamente, llenando bien los pulmones, al aire libre o asomado a una ventana. Beber diariamente, en pequeños sorbos, dos litros de agua aproximadamente. Comer muchas frutas, masticar los alimentos del modo más perfecto posible, evitar el alcohol y las medicinas. Bañarte diariamente es un hábito que debes a tu propia dignidad.

Paracelso y sus 7 reglas: respiración profunda

SEGUNDA REGLA

Desterrar absolutamente de tu ánimo, por más motivos que existan, toda idea de pesimismo, rencor, odio, tedio o tristeza. Huir como de la peste, de toda ocasión de tratar con personas maldicientes, viciosas, ruines, murmuradoras, indolentes, chismosas, vanidosas o vulgares, e inferiores por natural bajeza de entendimiento o por los tópicos sensualistas que forman la base de sus recursos y ocupaciones. La observancia de esta regla es de importancia decisiva. Se trata de cambiar la espiritual contextura de tu alma. Es el único medio de cambiar tu destino, pues este depende de nuestros actos y pensamientos. El azar no existe, es decir, las cosas no vienen porque sí, siempre hay una causa.

TERCERA REGLA

Haz todo el bien posible. Auxilia a todo desgraciado siempre que puedas, pero jamás tengas debilidades por ninguna persona. Debes cuidar tus propias energías y huir de todo sentimentalismo ñoño y mezquino.

Paracelso y sus 7 reglas: Ayudar

CUARTA REGLA

Hay que olvidar toda ofensa, más aún, esfuérzate por pensar bien de tu mayor enemigo. Tu alma es un templo que no debe jamás ser profanado por el odio.

QUINTA REGLA

Debes recogerte todos los días en donde nadie pueda turbarte, siquiera por media hora, sentarte lo más cómodamente posible con los ojos medio entornados y no pensar en nada. Esto fortifica energéticamente el cerebro y el espíritu y te pondrás en contacto con las buenas influencias. En ese estado de recogimiento y silencio a veces suelen ocurrírsenos luminosas ideas susceptibles de cambiar toda una existencia.

Paracelso y sus 7 reglas: Retiro para meditar

Con el tiempo todos los problemas que se presenten serán resueltos victoriosamente por una voz interior que te guiará en tales instantes de silencio, a solas con tu conciencia. Ese es el Daimon del que hablaba Sócrates. Todos los grandes espíritus se han dejado guiar por esa voz interior. Pero no te hablará así de pronto. Tienes que prepararte por un tiempo, destruir las superpuestas capaz de viejos hábitos, pensamientos y errores que pesan sobre tu espíritu, que es divino y perfecto en sí, pero impotente por lo imperfecto en sí del vehículo que le ofreces hoy para manifestarse. La carne es flaca, no tiene vida.

Silencio

SEXTA REGLA

Debes guardar silencio de todos tus asuntos personales. Abstenerte como si hubieras hecho juramento solemne, de referir a los demás, aún a tus íntimos todo cuanto pienses, oigas, sepas, sospeches, aprendas o descubras. Por un largo tiempo al menos, debes ser como casa tapiada o jardín sellado. Esta es una regla de suma importancia.

SÉPTIMA REGLA

Jamás temas a los hombres ni te inspire sobresalto el día de mañana. Ten tu alma fuerte y limpia y todo te saldrá bien. Jamás te creas solo ni débil, porque hay detrás de ti ejércitos poderosos, que no concibes ni en sueños.

Si elevas tu espíritu, no habrá mal que pueda tocarte. El único enemigo a quien debes temer es a ti mismo. El miedo y la desconfianza en el futuro son madre funesta de todos los fracasos; atraen las malas influencias y con ellas el desastre.

PARACELSO Y SUS SIETE REGLAS. ANEXO A LA SÉPTIMA REGLA

Si estudias atentamente a las personas de buena suerte, verás que instintivamente observan gran parte de las reglas que anteceden.

Muchas de las que allegan riqueza, muy cierto es que no son todas personas buenas, en el sentido recto, pero poseen muchas de las virtudes que arriba se mencionan. Por otra parte, la riqueza no es sinónimo de dicha. Puede ser uno de los factores que a ella conducen, para ejercer grandes y nobles obras. Pero la dicha más duradera sólo se consigue por otros caminos, allí donde nuca impera el antiguo Satán de la leyenda, cuyo verdadero nombre es egoísmo.

Jamás te quejes de nada. Domina tus sentidos, huye tanto de la humildad como de la vanidad, porque son funestas para el éxito. La humildad te sustraerá fuerza y la vanidad es tan nociva, que es como si dijéramos pecado mortal contra el Espíritu. Muchos grandes espíritus han sido despeñados de las más encumbradas cimas por la vanidad, a ella debieron su caída muchos grandes hombres y no pocos imperios. Ojalá sigas lector hermano estas pocas reglas para tu dicha y para tu bien. Amén (que así sea).

P´REZ & MÜLLER

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Comments

  1. Genial. Tanto el artículo como el propio Paracelso. Gracias por este mensaje.

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