HOMEOPATÍA. EL PODER DE LA SIMILITUD

homeopatía, el poder de la similitud
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La Homeopatía constituye un sistema de sanación efectivo, pese a lo que sostienen agresivamente sus detractores. Comparte con el resto de grandes sistemas terapéuticos completos e integrales la concepción holística del ser humano, y la convicción de que existe una fuerza vital inmaterial que rige la vida.

En la actualidad, esta terapia alternativa es reconocida oficialmente como práctica médica en numerosos países, en algunos de los cuales se encuentra integrada en sus sistemas de salud. 

EL DESCUBRIDOR

Su fundador fue el brillante médico alemán Christian Friedrich Samuel Hahnemann, conocido simplemente como Samuel Hanehmann, quien combatió contra los poderes de su época para que su increíble descubrimiento no se perdiera en la oscuridad de los tiempos.

Nacido en Meissen (Sajonia-Alemania) en 1755, Samuel Hahnemann llegó a sentir un enorme desencanto por la medicina de la época. La acusó abiertamente de ser una práctica cruel e ineficaz, lo cual le acarreó serios problemas y enemistad con la profesión médica. En aquella época eran comunes las sangrías para expulsar la enfermedad del cuerpo. Se procedía a hacer incisiones en las venas y se repetía el proceso hasta que el paciente se debilitara. Más tarde, la sangría se acompañaba de purgantes radicales, enemas fuertes y si el paciente no mejoraba, se le administraban dosis altas de remedios ponzoñosos.

Según afirmaba Hahnemann, ni las sangrías, las sanguijuelas, las cauterizaciones ni los purgantes radicales,…servían para nada más que no fuese debilitar a los enfermos y dejarlos sin la capacidad de reacción necesaria para alcanzar la curación. Pero Hahnemann iba más allá en sus enconados ataques. Llegó a asegurar que había “más gente que moría por el tratamiento que por la enfermedad en sí”.

EL DESCUBRIMIENTO

En 1790, mientras traducía al inglés la Materia Médica del alemán William Cullen, le llamó poderosamente la atención la monografía sobre la corteza de cinchona o quina, que se utilizaba por entonces para el tratamiento del paludismo o fiebres intermitentes. En ese momento decidió llevar a cabo el experimento que sentaría las bases de la nueva medicina, la homeopatía. Decidió tomar diariamente dosis crecientes de polvo de la corteza de quina y anotó los síntomas que aparecían.

Durante su experimentación constató que, a dosis altas de quina, aunque subtóxicas, aparecían en él una serie de síntomas y signos, tales como frialdad en los pies, aceleración del pulso, somnolencia, temblor y enrojecimiento de la cara. Se percató de que estos signos y síntomas eran similares a los de la malaria, enfermedad que ese mismo remedio curaba, así que formuló su hipótesis:

“La corteza de Cinchona, que es usada como remedio para la fiebre (malaria), actúa porque puede producir síntomas similares a la malaria en personas sanas.”

En el preciso instante en que Hahnemann prueba la quina, da comienzo una larga y fructífera investigación que más tarde plasmaría en su máxima “lo semejante cura lo semejante”. La quina producía síntomas en un sujeto sano que coincidían con aquellos que se supone debería eliminar en un enfermo con fiebres intermitentes.

Samuel Hahnemann, fundador de la homeopatía

Christian Friedrich Samuel Hahnemann.

LA PERSECUCIÓN Y FLORECIMIENTO DE LA HOMEOPATÍA

Desde el principio, las campañas de difamación y descrédito contra Hahnemann por parte de la medicina académica fueron incesantes. Sin embargo, se recrudecieron, convirtiéndose en una persecución y hostigamiento en toda regla, cuando inició abiertamente la práctica de la nueva medicina homeopática.

Muchos de sus estudiantes lo abandonaron por temor a que se les retiraran sus títulos. A no pocos homeópatas les fueron confiscados sus medicamentos homeopáticos y obligados a retirarse. Algunos fueron incluso encarcelados, como ocurrió con el Dr. Christian Hornburg, quien murió tres años más tarde en prisión. Como resultado de esta atmósfera de persecución inquisitorial, Hahnemann se vio obligado a trasladar su residencia de Leipzig a Kothen, un pequeño pueblo del principado del duque Ferdinand donde se le permitía ejercer libremente la nueva medicina.

Gracias a la ayuda de sus hijas y al refugio ofrecido por el duque, su práctica floreció y se extendió. Los espectaculares resultados de la práctica homeopática le valieron renombre y muchos seguidores en Europa y Estados Unidos. Hacia el final de su vida, cuando residía en París, Hahnemann fue nombrado Miembro de Honor de la Academia Norteamericana de Homeopatía en Allentown, Pensilvania, el primer colegio homeopático fundado por uno de sus seguidores, el doctor Constantin Hering.

DECLIVE Y RESURGIMIENTO DE LA HOMEOPATÍA

Tan rápido se extendió y creció la popularidad de la homeopatía como fue su declive a principios del siglo XX. Su decadencia se produjo, entre otras razones, como resultado del empuje de las medicinas químicas, en la denominada “revolución de las medicinas milagrosas”.

El descubrimiento de los primeros antimicrobianos y, más tarde, los antibióticos junto a otros químicos como los barbitúricos, las anfetaminas, etc., originó un vehemente entusiasmo en las filas de la llamada medicina científica. Las previsiones eran tan optimistas que algunos llegaron a postular que en poco tiempo la química podría aliviar el sufrimiento de la humanidad al curar todas las enfermedades.

Más de 70 años tuvieron que transcurrir para que la homeopatía volviera a renacer de sus cenizas. A finales de los 70 del siglo XX, ante los fracasos de la medicina académica, la antigua medicina homeopática comenzó a despertar la atención del público en general. La misma medicina científica que había prometido curarlo todo se enfrentaba al gran incremento de la incidencia y prevalencia de enfermedades cardiovasculares, crónicas y degenerativas, autoinmunes, cánceres, la resistencia de los microbios a los antibióticos e innumerables efectos indeseables. En este contexto, el interés del público por la homeopatía comenzó a crecer rápidamente. Y con su popularidad también se acrecentaron los ataques, difamación y acoso sistemático.

PRIMER PRINCIPIO DE LA HOMEOPATÍA: LA LEY DE LOS SIMILARES

El principio de la similitud es el primer y más importante fundamento de la homeopatía. De este principio procede su nombre. Homeopatía deriva de dos palabras griegas, Homoios, que significa similar o parecido, y Pathos, que significa enfermedad.

¿Recuerda la primera experimentación de Hahnemann con la quina? Cuando se autoadministró quina se percató de que hacían aparición síntomas similares a los de la malaria, enfermedad que se curaba con la quina. De esta experiencia dedujo que la enfermedad puede curarse con un remedio que, administrado a dosis altas en una persona sana, produzca unos síntomas que correspondan a la sintomatología de la propia dolencia que pretende curar en una persona enferma. Es decir, el remedio que enferma es aquel que puede curar una enfermedad similar a la que produce.

Hahnemann honró este descubrimiento otorgándole el título de ley y primer principio de la homeopatía: ley de la similitud. En palabras del propio Hahnemann:

“La curación definitiva de cierta dolencia crónica requiere una enfermedad similar, lo más similar posible, en el cuerpo humano… Para curar deberíamos aplicar el remedio capaz de estimular al organismo a producir una enfermedad artificial lo más similar posible a la real, y esta sanará”

Reconocemos que el concepto de la similitud es difícil de comprender para quien no lo haya escuchado nunca. Que un remedio que produce síntomas en una persona sana será el remedio que elimine los mismos síntomas en un paciente enfermo no sólo resulta difícil de comprender, sino de creer. Sin embargo, así sucede. Podemos dar fe de ello.

EXPERIENCIA PERSONAL

Hace años acudió a Jaakob un amigo aquejado de insomnio. Siempre había dormido como un tronco, pero desde hacía unos meses era incapaz de conciliar el sueño. Las dosis de sedantes que le habían prescrito los especialistas médicos, por cuyas consultas había circulado itinerante, no resultaban eficaces. Debía incrementar las dosis para poder dormir unas pocas horas. Y su sueño era nada reparador, así que comenzaba a preocuparse.

Tras un interrogatorio detenido, Jaakob descubrió que su insomnio presentaba unas características muy particulares. Era esa clase de padecimiento que impide conciliar el sueño por sobreexcitación. Por su mente transitaban, de forma atropellada, una ristra interminable de ideas y pensamientos. Tan pronto como se acostaba y cerraba los ojos, aparecía una idea que revoloteaba incansable unos instantes antes de que otra diferente tomara su lugar. Y así, una y otra vez. 

¿Qué remedio utilizó para resolver el problema? Por todos es conocido el hecho de que si tomamos café a grandes dosis no podremos dormir, nos sentiremos agitados y nuestra mente viajará a 100 por hora. ¿Nota la similitud que existe entre el insomnio del amigo de Jaakob y el producido por el café? Según el principio de similitud, el café estaría indicado en este padecimiento ¡Vaya contradicción, ¿No es cierto? Pues bien, fue tomarse unos gránulos de Coffea cruda varias veces al día para recuperar el sueño profundo que siempre le había distinguido.

Homeopatía: Coffea cruda

Presentación tradicional en gránulos de Coffea cruda.

SEGUNDO PRINCIPIO DE LA HOMEOPATÍA

Ya sabe que Hanehmann observó los efectos dañinos y perjudiciales que la medicina académica de su tiempo provocaba en las personas enfermas. Por ello, regresó al principio hipocrático de no hacer daño “primun non noscere“. El brillante médico alemán deseaba restablecer la salud del modo menos perjudicial posible.

Pues bien, para evitar la toxicidad de los remedios homeopáticos, inició una serie de experimentos que consistían en ir reduciendo gradualmente la dosis a través de diluciones sucesivas. A este método de reducción de dosis, lo denominó potenciación. Se percató de que las dosis muy pequeñas de un remedio homeopático, incluso aquellas que solo contenían una cantidad infinitesimal de sustancia, mejoraban su efectividad terapéutica y evitaban completamente su toxicidad.

Hanehmann, en la práctica comprobó que mediante la administración de la sustancia en dosis cada vez más pequeñas, los síntomas desaparecían, demostrando que los síntomas que una sustancia era capaz de provocar en un individuo sano a dosis más elevadas, podían ser eliminados en un enfermo cuando ésta se emplea en concentraciones muy pequeñas. Este es el segundo postulado o principio de la Homeopatía, el principio de la infinitesimalidad.

Dicho con otras palabras, y aunando los dos primeros principios homeopáticos, toda sustancia capaz de provocar trastornos en el hombre sano, puede hacer desaparecer estos mismos trastornos en un hombre enfermo si es aplicada en pequeñas dosis.

VOLVIENDO AL EJEMPLO ANTERIOR

¿Recuerdan el ejemplo del insomnio? El amigo de Jaakob presentaba un insomnio que le atormentaba, cuyos síntomas se parecían a los que provoca una ingesta grande de café. Si le hubiese prescrito café a dosis normales, evidentemente su insomnio habría empeorado. No obstante, y siguiendo el segundo postulado esencial de la homeopatía, le administró café (Coffea cruda) a dosis pequeñísimas (infinitesimales), lo cual resultó en la remisión completa de sus síntomas de insomnio. 

Hanehmann dedujo que la eficacia de las dosis extremadamente bajas o infinitesimales de los remedios homeopáticos no depende de su estructura física, sino de la energía invisible que es liberada mediante la dilución secuencial y progresiva. Esta energía fortalecería y estimularía la fuerza vital del organismo. Por lo tanto, la homeopatía sería el sistema terapéutico que utiliza en el tratamiento de enfermedades sustancias a dosis infinitesimales que, dadas a una persona sana a dosis altas, provocaría una enfermedad similar.

FUERZA VITAL Y DESEQUILIBRIO

Hanehmann estaba convencido de la existencia de una fuerza que anima a todos los organismos vivos, sustenta su estructura y gobierna su función. A este principio lo denominó Fuerza vital o fuerza vital espiritual.

Según sus postulados, la fuerza vital o dynamis provee armonía y equilibrio al conjunto del organismo y mantiene cada una de sus partes en perfecta armonía. Se trata de un principio rector que abarca los diferentes planos existenciales del ser humano, tanto el cuerpo y la mente, como el espíritu. Evidentemente, la concepción del médico alemán es holística. 

La salud depende de la integridad de la fuerza vital. Cuando es fuerte y equilibrada, la persona se encuentra saludable tanto física como mentalmente. No obstante, si la fuerza vital es perturbada o desequilibrada por un agente morbífico hostil, como lo denominaba Hahnemann, la enfermedad hace aparición y se manifiesta a través de una serie de signos y síntomas.

Estos signos y síntomas expresan la alteración de la dynamis. Por ello, en realidad, no son enemigos a los que destruir sin más. Antes bien, se tratan de emisarios que nos anuncian la alteración del equilibrio orgánico.

Cuando se estudia homeopatía, puede parecer que Hahnemann centra toda su atención en los signos y síntomas, con la intención de erradicarlos y devolver al paciente su estado de salud. Sin embargo, su verdadero propósito no es otro que restaurar el equilibrio de la fuerza vital. Un homeópata sabrá que se ha producido la curación cuando los síntomas hayan desaparecido, pero eliminarlos no es la razón última de su terapia. Los síntomas y signos son manifestaciones de un problema más profundo y es ahí donde el terapeuta desea actuar, a nivel de la fuerza vital, mediante la selección del remedio homeopático adecuado.

Fuerza vital

TERCER PRINCIPIO DE LA HOMEOPATÍA

El tercer principio fundamental se conoce como individualización terapéutica. Puede resumirse a la perfección con el dicho “No hay enfermedades, sino enfermos”.  Nos enseña que cada paciente es único y distinto a cualquier otro. Cada persona tiene un modo individual de padecer la enfermedad, como resultado de factores personales y circunstanciales.

Cada paciente requiere un tratamiento personalizado o individualizado. De ahí el hincapié que hace Hahnemann en el conocimiento multidimensional del paciente. Más adelante describiremos el proceso diagnóstico y terapéutico, que refleja con fidelidad este principio básico de la homeopatía.

La individualización terapéutica contradice la práctica habitual de la medicina académica, que aborda el insomnio, por ejemplo, del mismo modo en todos los pacientes. La homeopatía, por el contrario, no trata este padecimiento en sí, sino a la persona, al individuo que sufre. Y como cada persona es un mundo, el insomnio puede tratarse con infinidad de remedios homeopáticos. La misión del homeópata es hallar el medicamento adecuado, exclusivo para la persona que padece. Hahnemann sentenció maravillosamente la misión del médico en relación con este principio fundamental:

“Es la función del médico distinguir pequeñas variaciones en cada individuo, esto es, especializar e individualizar cada caso particular, en vez de tratar simplemente la enfermedad. “

PATOGENESIAS Y MATERIA MÉDICA HOMEOPÁTICA

La persona que desea ejercer la homeopatía no sólo debe tener en cuenta todos los principios expuestos hasta el momento, sino que debe conocer de modo exhaustivo las denominadas patogenesias.

Las patogenesias se definen como el conjunto de signos y síntomas, tanto físicos como mentales, que provocan las sustancias en dosis subtóxicas sobre el individuo sano. Se extraen de la experimentación patogenésica, esto es, la experimentación con voluntarios sanos a quienes se les administra un determinado remedio en dosis elevadas para detectar todos los síntomas que dicho remedio les provoca.  

Como hemos mencionado, Hahnemann comenzó a experimentar en sí mismo la Cinchona officinalis (China) y fue ampliando sus experimentaciones en voluntarios sanos durante 20 años. Más adelante, otros siguieron experimentando y reuniendo patogenesias de diferentes medicamentos homeopáticos.

El conjunto de patogenesias están recogidas en las Materias Médicas Homeopáticas, que son tratados de referencia y manuales de cabecera para el practicante de la homeopatía. En otras palabras, en las materias médicas se recoge la información obtenida de la experimentación patogenésica.

Pues bien, el estudio metódico y sistemático de las materias médicas, así como la consulta regular son el “pan de cada día” del homeópata. Las patogenesias deben ser conocidas profunda y detalladamente por el terapeuta, con el objeto de poder emplear estas sustancias en las personas enfermas cuando los síntomas que presentan sean similares a los de la sustancia.

Materia médica homeopática

LAS CONSTITUCIONES HOMEOPÁTICAS

Los factores consitucionales que se recogen en las materias médicas para cada remedio, no son síntomas observados en el estudio patogenésico. Es importante tenerlo en cuenta. Cada remedio tiene su aspecto constitucional que incluye características morfológicas, fisiológicas, comportamentales y predisposiciones morbosas (tendencias a enfermar). Así que cuando las características de una persona coinciden con el aspecto constitucional de un medicamento homeopático, el homeópata sabe que responderá muy positivamente a su prescripción. De ahí que la constitución se defina también como la afinidad especial que un individuo tiene a un medicamento homeopático en particular, al que responde muy positivamente. De modo que descubrir la constitución predominante en un paciente orienta al homeópata en la elección del tratamiento.

Aunque a lo largo del tiempo no ha existido consenso acerca de la validez de las teorías sobre la constitución o biotipos, lo cierto es que se han usado con éxito por buena parte de los practicantes de la homeopatía. 

CAUSAS DE LA ENFERMEDAD

Hahnemann postulaba que el organismo posee una energía vital, que se encarga de la regulación y coordinación de todos los procesos orgánicos. Por tanto, puede por sí sola mantener el estado de salud o restablecerlo en caso de enfermedad.

Cuando la energía vital se desequilibra, el organismo enferma. Según Hahnemann, para restablecer el equilibrio se requiere un pequeño estímulo que potencie la fuerza curativa y reparadora del organismo. Justo lo contrario de lo que caracterizaba a la práctica médica de la época: estímulos tan grandes que ahogaban la energía vital y obstaculizaban la tendencia natural a la curación.

Hahnemann insiste tanto en los síntomas, gracias a los cuales podía restablecer el equilibrio de la energía vital, que aparenta desentenderse de las causas que los generaron.

No obstante, el médico alemán animaba a identificar posibles causas. Afirmaba que la enfermedad solo puede removerse si se conocen las causas de la misma. Por ejemplo, la prescripción para un dolor de cabeza recurrente sería diferente en caso de que su origen fuese un traumatismo o el estrés.

Hahnemann clasificó las causas de la enfermedad en tres grandes grupos: las causas naturales (influencias patológicas o infecciones), las causas artificiales (medicamentos y tóxicos) y causas miasmáticas.

LOS MEDICAMENTOS HOMEOPÁTICOS

Los medicamentos homeopáticos se obtienen de la naturaleza, como muchos de los fármacos de uso habitual en medicina alopática, y suelen denominarse por su nomenclatura científica latina: Allium cepa (cebolla), Apis mellifica (abeja) y sulphur (azufre). Pueden provenir de fuentes vegetales (plantas, flores, bulbos, etc), animales (insectos, etc) y minerales (sal, oro, mercurio, etc).

Existen diversos modos de clasificar los medicamentos homeopáticos. De acuerdo con la amplitud del espectro sintomático que abarquen, se distinguen los policrestos, los semipolicrestos y los medicamentos menores. Los policrestos son los remedios que no sólo cubren una amplia variedad de síntomas, tanto físicos como mentales, sino que exhiben una acción profunda sobre el organismo.

Según la profundidad de la acción curativa del medicamento homeopático, encontramos los remedios constitucionales, los remedios de fondo, los remedios sintomáticos y los remedios organotrópicos.

Los medicamentos constitucionales son los que abarcan todos los aspectos propios de una constitución (morfología, carácter, forma de ser y actuar, etc.). Los remedios de fondo no abarcan la constitución de la persona, pero sí un buen número de características y signos físicos y mentales. Aquellos que se ajustan sólo a ciertos síntomas y signos, sin que necesariamente se correspondan con características físicas generales y mentales del paciente, son los remedios sintomáticos. Por último, los remedios organotrópicos que son aquellos que exhiben una evidente afinidad por un tejido u órgano concreto.

Medicamentos homeopáticos en gránulos

Medicamentos homeopáticos en gránulos.

DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO

Hahnemann insiste en la concepción holística y multidimensional del ser humano, integrado por aspectos físicos, energéticos y emocionales. El proceso diagnóstico de recogida de signos y síntomas refleja sin duda dicha concepción holística. En palabras del médico alemán:

“El médico ve, escucha, observa, examina, anota; interroga al enfermo, su entorno, se informa sobre los antecedentes hereditarios y colaterales, condiciones de vida, hábitat, costumbres, la influencia de las estaciones sobre el enfermo, el clima, el tiempo…”.

El homeópata llevará a cabo una anamnesis semejante a la descrita en el artículo dedicado a la naturopatía. Deberá describir minuciosamente el cuadro clínico, recogiendo cada signo y síntoma. Para ello guiará el interrogatorio, pero dejará hablar al paciente, sin interrumpir, el tiempo que sea necesario.

Entre los síntomas que debe recopilar se incluyen:

  • Síntomas mentales, tales como ansiedad, miedo, timidez, indiferencia, ira, etc.
  • Generales con conexión con los cinco sentidos.
  • Síntomas generales relacionados con las condiciones climáticas o ambientales.
  • Generales asociados con deseos o adversiones alimentarias.
  • Relativos al sueño y relacionados con los sueños.
  • Relacionados con la esfera sexual.
  • Relativos a las excreciones y secreciones.
  • Síntomas locales. Dolor, inflamación, cambios de color, lesiones, etc., en alguna parte concreta del cuerpo (cabeza, piernas,…).
  • Síntomas extraños, raros o atípicos.

Entre los signos, destacan:

  • Signos morfológicos, constitución física o estructura ósea. Son los rasgos físicos del paciente, como estatura, complexión, peso, forma del cuerpo, grosor articular, musculatura, etc.
  • Signos miasmáticos. El homeópata debe descubrir los rasgos hereditarios o permanentes del paciente.

Otras características que deben recopilarse:

  • Sensaciones que acompañan a los síntomas. Son descritas por el paciente del siguiente modo “siento como si…”, “parece que…”, “parece como si…”
  • Modalidades, causantes de agravaciones o mejorías de los síntomas.

EL SIMILLIMUM

El diagnóstico culminará con la elección del remedio homeopático más similar, que será prescrito para el tratamiento del paciente. Según la doctrina de Hahnemann, la finalidad del diagnóstico es encontrar un único remedio cuya patogenesia y tipología más se ajusten a la sintomatología y constitución del paciente. A este remedio se le conoce como simillimum.

A lo largo del tiempo, la homeopatía evolucionaría hacia escuelas terapéuticas divergentes. La dificultad de hallar el simillimum dio lugar a la aparición de la escuela pluralista, que recomienda la prescripción de unos pocos remedios homeopáticos -no sólo uno- para cubrir el cuadro sintomático del paciente. Más tarde, aparecerían las escuelas complejista y la homotoxicología, de las que escribiremos en otra ocasión. 

LA DESINTOXICACIÓN EN HOMEOPATÍA O DRENAJE

También la homeopatía considera la eliminación de toxinas a través de los órganos excretores como una estrategia terapéutica. No entramos de nuevo a exponer el origen de la toxemia ni los órganos de eliminación, porque la homeopatía expone exactamente los mismos fundamentos que la naturopatía.

El drenaje se utiliza no sólo por el beneficio de reducir la cantidad de toxinas en el paciente, sino porque apoya la acción del remedio escogido (simillimum) y acorta el tratamiento.

Los remedios de drenaje son aquellos que exhiben una acción selectiva sobre los órganos de desintoxicación y sobre órganos y tejidos cuya alteración impide la normal eliminación de desechos tóxicos. También se conocen como remedios organotrópicos. Por ejemplo, la caléndula tiene una acción específica sobre la piel, la Eufrasia, sobre los ojos, chelidonium, sobre el hígado, berberis, sobre el riñón, gelsemium, sobre el sistema nervioso, etc.

CRÍTICA ESENCIAL A LA HOMEOPATÍA

En la actualidad, tal como sucediera en el pasado, la homeopatía es objeto de feroces críticas. La razón es sencilla: contradice la lógica materialista y, en algunos casos, uno de los pilares centrales de la química.

Verá, cuando se somete a un medicamento homeopático a diluciones sucesivas, llega un momento en que el número de moléculas de la sustancia (materia prima) es tan ínfimo que los científicos no comprenden su mecanismo de acción. Además, cuando se supera cierto grado de dilución, resulta imposible detectar molécula alguna de esa materia original. La ciencia moderna se pregunta cómo pueden funcionar los medicamentos homeopáticos, si no existe ni una sola molécula de materia prima original sobre la que apoyar científicamente la acción, sino únicamente disolvente.

Por este hecho se afirma que la homeopatía es una pseudociencia sin fundamento alguno y que su acción se limita al efecto placebo. Sin embargo, existe una amplia evidencia científica que apoya su validez. Pero sobre las críticas a la homeopatía y los diferentes estudios que apoyan su efecto, trataremos en un futuro artículo.

Diluciones sucesivas en homeopatía

Tras 12 diluciones sucesivas (en serie), de acuerdo con el factor de dilución de la imagen (1:9), un químico provisto de un espectrómetro de masas no hallaría ni una sola molécula de la materia prima original. Sólo encontraría moléculas del disolvente. De ahí la incredulidad de muchos científicos acerca del potencial terapéutico de la homeopatía. Sobre esta cuestión escribiremos en un futuro post.

TERAPIAS AFINES A LA HOMEOPATÍA

Existen terapias alternativas que no obedecen exactamente a la definición de homeopatía, pero que se sirven de algunos de sus principios fundamentales. Destacan la terapia antihomotóxica (homotoxicología), la oligoterapia catalítica, la terapia bioquímica de Schuessler y la terapia floral de Bach.

P´REZ&MÜLLER

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