VITAMINA C Y SISTEMA INMUNOLÓGICO

Vitamina C y sistema inmunológico
5
(32)

En plena pandemia por el nuevo coronavirus (SARS-CoV-2) un grupo muy reducido de médicos e investigadores está usando y recomendando dosis altas de vitamina C (ácido ascórbico) para el tratamiento de las infecciones respiratorias.

Es el caso del doctor ZhiYong Peng, del hospital Zhongnam de la universidad de Wuhan, epicentro de la pandemia. Desde el 11 de febrero dirige una investigación sobre los efectos de la vitamina C en la infección respiratoria por COVID-19. Asimismo, la Asociación Médica del gobierno de Shanghai usa y recomienda el ácido ascórbico en pacientes por COVID-19. 

Los alentadores resultados han permitido que los tratamientos con vitamina C salten al otro lado del Pacífico. En Estados Unidos, el doctor Paul Marik, intensivista del Hospital Sentara de Norfolk (Virginia del este), ha desarrollado un protocolo de tratamiento que incluye la vitamina C. Con su aplicación ha conseguido reducir la mortalidad por septicemia de un 40 a un 8,5%.

También en los Estados Unidos, el intensivista Andrew G. Waher está administrando en el sistema hospitalario de Northwell (Nueva York) dosis elevadas de vitamina C (junto a otros fármacos) para tratar las infecciones severas por coronavirus.

¿Por qué algunos médicos y científicos recomiendan el uso de vitamina C en las infecciones respiratorias graves como las producidas en ocasiones por el COVID-19? Porque, como demostraremos, es crucial en diversos aspectos del sistema inmunológico, en especial en la función de las células inmunes.

¿QUÉ ES Y CÓMO FUNCIONA EL SISTEMA INMUNOLÓGICO?

El distanciamiento y aislamiento social, la higiene y desinfección escrupulosas son imprescindibles en la lucha contra el nuevo coronavirus. Sin embargo, existe otra herramienta, que tanto las autoridades sanitarias como los medios de comunicación mantienen oculta. Se trata de la modulación del sistema inmunológico para aumentar su competencia. Y esto se consigue con la vitamina C. 

El sistema inmunitario constituye una red compleja de órganos, tejidos, proteínas y compuestos químicos que protege al organismo de las agresiones de patógenos, como las bacterias, virus, hongos y parásitos.

En cuanto a su estructura, el sistema inmune está formado por las barreras epiteliales (piel, mucosas, etc.), los componentes celulares (macrófagos, linfocitos, etc.) y humorales (anticuerpos, etc.).

En cuanto a su función, podemos distinguir el sistema inmune innato y el adaptativo (o adquirido). El sistema inmunológico innato se encuentra presente en todos los organismos biológicos. Constituye la primera línea defensiva, y está formado por células, como los macrófagos, neutrófilos, etc., que se activan en presencia de patógenos. La inmunidad innata es ciega y no distingue entre un patógeno u otro, porque no cuenta con registros de memoria para ello.

El sistema inmunológico adaptativo constituye una línea defensiva más sofisticada, presente en formas de vida desarrolladas (vertebrados). Exhibe capacidad para recordar y reconocer patógenos específicos, por tanto, es inteligente y cuenta con archivos de memoria. De ahí que pueda ser selectivo y dirigir su ataque contra el agente patógeno específico causante de la enfermedad. Los linfocitos son células de la respuesta adaptativa de nuestra inmunidad, algunos de los cuales se encargan de producir anticuerpos.

En cualquier caso, si continúa leyendo, comprenderá mejor el funcionamiento del sistema inmune.

VITAMINA C, DEFICIENCIA Y DOSIFICACIÓN

La vitamina C es un micronutriente esencial que los humanos ya no pueden sintetizar. Perdimos esa posibilidad hace unos millones de años. Como consecuencia, debemos obtenerla a través de la alimentación.

La deficiencia de vitamina C produce una enfermedad potencialmente mortal conocida como escorbuto. Una de sus características principales es la susceptibilidad muy aumentada a las infecciones graves. De hecho, la neumonía constituye una de las complicaciones más frecuentes del escorbuto, y una de las principales causas de muerte.

Aunque, en la actualidad, el escorbuto es muy raro, dada la cantidad de ácido ascórbico requerida para prevenirlo (en torno a 10 mg/día), los estudios epidemiológicos han revelado que la hipovitaminosis C es relativamente frecuente, sobretodo en poblaciones occidentales.

La hipovitaminosis C se debe, en primer lugar, a los malos hábitos dietéticos. Teniendo en cuenta la escasa presencia de verduras, hortalizas y frutas en la dieta de muchos hogares, no es de extrañar que no se alcance la ingesta diaria recomendada por las autoridades sanitarias, que oscila entre 75 y 90 mg/día para mujeres y hombres, respectivamente.

Y para más inri, según algunas investigaciones, esta dosis diaria recomendada, si bien previene el escorbuto, no es suficiente para alcanzar concentraciones plasmáticas óptimas. Teniendo en cuenta las amplias diferencias individuales en cuanto a requerimientos metabólicos de ácido ascórbico, las recomendaciones varían según el autor entre 200-400 mg/día.

En segundo lugar, la hipovitaminosis C puede deberse a requerimientos metabólicos aumentados. Todo aquel que habite en lugares con elevada contaminación atmosférica (grandes urbes), fumadores, enfermos crónicos (diabéticos tipo II, por ejemplo) y personas sometidas a estrés requieren dosis diarias mayores para alcanzar concentraciones plasmáticas óptimas.

Las personas mayores también presentan concentraciones bajas de vitamina C y por ello, necesitan mayor ingesta de la misma.

Fuentes alimenticias de vitamina C

Algunas fuentes alimenticias de vitamina C.

FUNCIONES DE LA VITAMINA C

Este post no estaría completo, si no hiciéramos mención al pionero del estudio científico de la vitamina C. Se trata del doblemente premio nobel (de química y de la paz) Linus Pauling. Este reconocido científico estadounidense, después de conseguir controlar una enfermedad potencialmente mortal (enfermedad de Bright) mediante correcciones dietéticas, comenzó a estudiar las vitaminas y los minerales. A partir de ese momento se convirtió en defensor acérrimo del consumo de grandes cantidades de ácido ascórbico. Según sus postulados, la vitamina C no sólo fortalece el sistema inmune, incrementando la resistencia a las infecciones, sino que previene la aparición de enfermedades crónicas.

Continuemos. La vitamina C tiene dos grandes funciones, a las que pueden atribuirse su acción beneficiosa en el sistema inmunitario. Es antioxidante y cofactor de un grupo de enzimas biosintéticas y reguladoras de genes.

Gracias a su poder antioxidante protege las biomoléculas (proteínas, grasas e hidratos de carbono) del daño causado por los radicales libres resultantes del metabolismo, de la exposición a tóxicos y contaminantes.

Además, actúa como cofactor de enzimas necesarias para la estabilización del colágeno, la síntesis de carnitina y de catecolaminas. Por otro lado, ejerce como cofactor de enzimas que intervienen en la transcripción génica, la metilación de las histonas, regulación epigenética, etc.

Gracias a estas propiedades, la vitamina C constituye una joya maravillosa, que juega diversos papeles en el sistema inmunológico. Especialmente, como ya hemos indicado, en la función de las células inmunes. A continuación, trataremos de describirlos de modo sencillo y asequible.

Funciones de la vitamina C

FUNCIONES DE LA VITAMINA C EN EL SISTEMA INMUNE

Los leucocitos (o glóbulos blancos) acumulan vitamina C, de modo que las concentraciones en su interior son de 50 a 100 veces superiores a las plasmáticas. No cabe duda de que este hecho es significativo e indica funciones muy importantes de la vitamina en las células inmunes.

Casi la totalidad de los roles de la vitamina C que a continuación describimos tienen que ver con la respuesta inmune innata. Esa respuesta ciega, tan efectiva ante cualquier tipo de agresión patógena, pero cuya disfunción puede ocasionar más daños que beneficios.

ACTIVIDAD ANTIOXIDANTE

La vitamina C protege a las células del sistema inmunológico del daño oxidativo. Aunque esta propiedad es especialmente relevante en los fagocitos (literalmente, comedores de células).

Cuando una célula fagocítica detecta un microorganismo, tiene lugar una gran liberación de especies reactivas de oxígeno (ROS). Este proceso se denomina explosión oxidativa o explosión respiratoria. Una vez el germen ha sido engullido, queda encapsulado en el interior del fagocito en lo que se denomina fagosoma. Allí se vierten las ROS, que acaban destruyendo al intruso invasor.

A pesar de que la explosión oxidativa es crucial para destruir los microorganismos patógenos, en muchas ocasiones puede matar a la célula inmune (fagocito).

Por tanto, la vitamina C protege a las células inmunes del daño producido tras la activación de la explosión oxidativa.

QUIMIOTAXIS DE NEUTRÓFILOS Y VITAMINA C

En presencia de patógenos, las células de los tejidos, así como los macrófagos residentes, reaccionan liberando citocinas proinflamatorias. Estas actúan como señales que alertan y atraen a los neutrófilos al lugar de infección. La migración de los neutrófilos, en respuesta a los estímulos químicos, se denomina quimiotaxis.

En otras palabras, para que se entienda mejor. Los neutrófilos son fagocitos que constituyen la primera línea defensiva. Son los combatientes de avanzadilla del sistema inmune innato. Acuden los primeros al lugar de infección en respuesta a la llamada de socorro por parte de los tejidos infectados y las células inmunes allí residentes.

Pues bien, se ha observado que la suplementación con vitamina C a las personas con hipovitaminosis C resulta en un incremento del 20% en la actividad quimiotáctica. También se ha demostrado que, durante una infección, administrar dosis altas de vitamina C corrige la quimiotaxis deteriorada.

Pero la utilidad de la vitamina no parece limitarse a personas con carencia o enfermas. Se ha concluido que la administración de dosis dietéticas de vitamina C (100-200 mg/día) a voluntarios sanos incrementa la capacidad quimiotáctica de los neutrófilos.

Migración de los neutrófilos

Migración de los neutrófilos desde los vasos sanguíneos al lugar de infección tras el rastro de las citocinas proinflamatorias.

Debemos hacer mención al efecto antihistamínico de la vitamina C, responsable en parte de la acción sobre la quimiotaxis de los neutrófilos. Se ha demostrado la reducción de los niveles de histamina tras la administración de ácido ascórbico, de ahí su utilidad en personas alérgicas, incluido asmáticas.  

En resumen, una ingesta adecuada de vitamina C mejora notablemente la respuesta de nuestros neutrófilos a la llamada de auxilio de los tejidos invadidos por patógenos.

FAGOCITOSIS Y EXTERMINIO DE MICROBIOS

Una vez que los neutrófilos han migrado al lugar de infección, proceden a engullir (fagocitar) los patógenos invasores. Estos gérmenes son encapsulados en el fagosoma, donde se vierten numerosos tipos de especies reactivas de oxígeno (ROS), como el superóxido. El superóxido también puede utilizarse para formar otros compuestos altamente tóxicos para los gérmenes, como el ácido hipocloroso, el hipoclorito y diferentes cloraminas

Los pacientes con infecciones graves presentan una reducida capacidad fagocítica y de producir ROS. Exhiben, por tanto, una capacidad deteriorada para matar y destruir patógenos, lo que se asocia con una mayor mortalidad.

Los estudios demuestran que la suplementación con vitamina C podría ser una gran alternativa. Se ha observado que los neutrófilos de animales con escorbuto (deficiencia de vitamina C) exhiben un deterioro severo de su capacidad fagocítica. En los seres humanos, la administración de vitamina C a personas con un estado de hipovitaminosis C mejora un 20% la producción de ROS (gemicidas, como hemos dicho).

Por último, también se ha informado una mejora de la fagocitosis de microbios y de la generación de ROS en personas de edad avanzada después de la suplementación con una combinación de vitamina C y E. 

Fagocitosis

Leucocito “engullendo” bacterias.

APOPTOSIS Y ELIMINACIÓN DE NEUTRÓFILOS

Cuando el neutrófilo ha fagocitado y destruido al agente patógeno, sufre un proceso de muerte programada, conocido como apoptosis. Justo después, aparecen los macrófagos –otro tipo de célula fagocítica de la inmunidad innata- para fagocitar (engullir o comerse) al neutrófilo muerto y eliminarlo del lugar de infección. Con esto se consigue acelerar la resolución del proceso inflamatorio y prevenir el daño excesivo de los tejidos.

Se ha informado que los neutrófilos deficitarios en vitamina C muestran una apoptosis atenuada y tardan más en morir. Como resultado, no son fagocitados y retirados de la zona de infección por los macrófagos. Esta situación es perjudicial y empeora la evolución del proceso infeccioso.

Numerosos estudios han observado una apoptosis atenuada y mayor supervivencia de los neutrófilos en personas aquejadas de infección grave. Esta situación de apoptosis tardía y permanencia de neutrófilos en el lugar de infección se relaciona con la gravedad de la enfermedad. Asimismo, se cree que está relacionada también con un mayor daño de los tejidos.

También se ha demostrado que la liberación excesiva de citocinas proinflamatorias se asocia con este hecho y reduce la supervivencia de los enfermos en casos de infecciones graves. Aunque se ha demostrado que dosis altas de vitamina C modulan los niveles de citocinas proinflamatorias en pacientes con cáncer, aún no se han realizado estudios en infecciones graves en seres humanos. En cualquier caso, los investigadores creen que la vitamina C podría ser capaz de modular los neutrófilos y prevenir estas complicaciones.

De hecho, diferentes estudios en modelo animal han revelado que la administración de vitamina C reduce el número de neutrófilos en los pulmones infectados.

NECROSIS Y TRAMPAS EXTRACELULARES DE NEUTRÓFILOS

Los neutrófilos que no sufren la muerte programada (apoptosis), acaban experimentando la muerte celular necrótica. Como resultado, se produce un importante daño en los tejidos.

Los neutrófilos, aparte de fagocitar a diestro y siniestro, eliminan microorganismos a través de una estrategia conocida como trampas extracelulares. Estas trampas atrapan e inmovilizan a los patógenos en lugares donde se vierten posteriormente sustancias antimicrobianas. Sin embargo, aunque son efectivas, un exceso de actividad de los neutrófilos en este sentido, puede causar más daño a los tejidos que beneficios.

Pues bien, la suplementación con vitamina C puede modular la actividad de los neutrófilos. Por un lado, podría fomentar, como hemos descrito en el epígrafe anterior, la apoptosis y reducir la muerte por necrosis. Y, por otro lado, regula la generación de las trampas extracelulares. Como consecuencia, el daño a los tejidos se reduce y la evolución de la infección resulta más favorable.

Trampas extracelulares de neutrófilos

Neutrófilo generando trampas para los gérmenes, constituidas principalmente por filamentos de ADN e histonas.

LINFOCITOS Y VITAMINA C

Los linfocitos son células de la respuesta inmune adaptativa o adquirida. Se diferencian en linfocitos T, linfocitos B y células NK (Natural Killer). Todos los tipos de linfocitos acumulan activamente vitamina C. En su interior se encuentran concentraciones muy superiores a las existentes en la sangre. Aunque el papel de la vitamina C en la función linfocitaria no está muy claro, se cree que debe ser relevante. Y no sólo por su actividad antioxidante.

Los linfocitos proceden de células madre de la médula ósea. Para que los linfocitos sean funcionalmente activos y capaces de orquestar la respuesta inmune adaptativa, deben darse tres procesos: proliferación, diferenciación y maduración.

Pues bien, diferentes estudios demuestran que la administración de vitamina C promueve y mejora la proliferación, incluso en personas de edad avanzada. Asimismo, juega un papel importante en la diferenciación y maduración de los linfocitos T y las células NK.

Estudios en modelo animal han informado que los linfocitos se multiplican más y generan mayores niveles de anticuerpos después de la administración de vitamina C.

CITOCINAS PROINFLAMATORIAS

Las citocinas son moléculas químicas que juegan un papel importante de señalización. Las células del organismo y una variedad de células inmunes segregan citocinas en respuesta a los agentes patógenos invasores. Pero no siempre estos mediadores químicos inducen respuestas inflamatorias. También existen citocinas antiinflamatorias.

Si bien juegan un papel relevante, resulta de una importancia crítica la modulación de la generación de citocinas proinflamatorias. Téngase en cuenta que se han descrito casos graves de neumonía, especialmente durante las pandemias víricas de este siglo, en personas jóvenes y sin antecedentes, como consecuencia de la “tormenta de citocinas”. El exceso de liberación de mediadores inflamatorios produce un acumulo de netutrófilos en los pulmones, con el consiguiente daño en los tejidos. 

In vitro, se ha demostrado que la adición de vitamina C a los monocitos (otra célula inmune) de pacientes con neumonía reduce la liberación de citocinas proinflamatorias TNF-alfa y IL-6.

La administración de vitamina C (1 gr/día) a personas sanas mejora los niveles de las citocinas IL-10 (antiinflamatoria) y TNF alfa (proinflamatoria).

Estudios en los que se inducía la liberación de citocinas, la administración de vitamina C producía una reducción de la liberación de citocinas proinflamatorias TNF-alfa y FFN-gamma, así como un incremento de citocinas antiinflamatorias IL-10.

También se ha informado de que el tratamiento con vitamina C atenúa la activación de algunas células inmunes y la producción de citocinas proinflamatorias.  

En resumen, aunque la acción de la vitamina C varía según la célula inmune y el agente patógeno estimulante, en general puede afirmarse que la vitamina C exhibe una capacidad moduladora y reguladora de la generación de citocinas.

AHORA, DATOS PRÁCTICOS: VITAMINA C E INFECCIONES

Por la web circulan un sinfín de críticas e infamias en contra de la utilidad de la vitamina C para los resfriados. No obstante, está suficientemente demostrado que la suplementación con la vitamina reduce la incidencia de resfriados y mejora la gravedad y duración de la enfermedad.

Vitamina C y gripe

Pero no sólo es maravillosa para los resfriados banales. Se ha informado de que los pacientes con infecciones respiratorias agudas, como la neumonía, presentan disminuidos los niveles en sangre de vitamina C. Al mismo tiempo, si se les administra vitamina C a dosis saturantes (gramos), mejoran los síntomas y se reduce la gravedad de la enfermedad.

Además, después del tratamiento intravenoso con dosis altas de vitamina C se ha observado un rápido aclaramiento de las radiografías de tórax en pacientes con neumonía –que suelen aparecer de color blanco y gradualmente mejoran hasta adquirir la tonalidad negra que caracteriza a la imagen normal de un pulmón sano-. Esta mejoría radiográfica puede deberse a una efectiva eliminación de los neutrófilos gastados e infiltrados en los pulmones por parte de los macrófagos.

Hay quien afirma que los niveles bajos de vitamina C en sangre son consecuencia de la infección. Sin embargo, el hecho de que el tratamiento preventivo con vitamina C reduzca el riesgo de desarrollar infecciones respiratorias graves, como la neumonía, nos lleva a concluir que los bajos niveles en sangre de vitamina C son tanto la consecuencia como la causa de las infecciones respiratorias.

REDUCE LA ESTANCIA HOSPITALARIA

La gran contagiosidad del COVID-19 ha causado el colapso del sistema sanitario en varias regiones de España e Italia. Los enfermos saturan los hospitales y los más graves, hacen cola para ingresar en las unidades de cuidados intensivos. Ya no hay respiradores suficientes para los enfermos más críticos, de modo que nuestros hospitales han comenzado a realizar un triaje de guerra. Los médicos deben decidir quién vive y quién muere, sin conocer que la vitamina C podría ayudar en estas circunstancias.  

Estudios observacionales han informado una reducción del 19% en el tiempo de estancia hospitalaria de pacientes con infecciones respiratorias tratados con dosis bajas de vitamina C (200 mg/día). A dosis mayores, de hasta 1,5 gr/día, el tiempo de permanencia en el hospital se reduce aún más, hasta un 30%.

Un metanálisis publicado en 2019 evaluó la eficacia de la vitamina C en términos prácticos. Se estudió la duración de la estancia en las unidades de cuidados intensivos (UCI) y la duración de la ventilación mecánica. Los resultados fueron alentadores. La estancia promedio en UCI se redujo en un 8% con el tratamiento oral de vitamina C (2 gr/día). Asimismo, la vitamina C acortó la duración de la ventilación mecánica en un 18,2%.

Teniendo en cuenta el coste ridículo del ácido ascórbico, bien podría emplearse para aliviar la enorme presión del COVID-19 en nuestro sistema sanitario. 

RESUMEN Y CONCLUSIÓN FINAL

Hemos demostrado que la vitamina C desempeña multitud roles importantes en las funciones celulares del sistema inmune, tanto el innato como el adaptativo. Así que, con sustento en la evidencia científica, no debe creer a quienes desprecian el uso no sólo de la maravillosa vitamina, sino de todo remedio barato y de diseño natural.

Sus efectos beneficios en la prevención y tratamiento de las enfermedades infecciosas respiratorias se deben a que. 

  • Estimula la migración de los neutrófilos al sitio de infección.
  • Mejora la fagocitosis y la producción de ROS antimicrobianos, por lo tanto, optimiza la matanza microbiana.
  • Otorga protección al tejido humano del daño excesivo al mejorar la apoptosis y la eliminación de los neutrófilos por los macrófagos del lugar de infección.
  • Protege los tejidos al reducir la necrosis y modular las trampas extracelulares de los neutrófilos.

Los estudios epidemiológicos subrayan la relativa frecuencia de la hipovitaminosis en las poblaciones industrializadas, como resultado de:

  • Ingesta reducida por malos hábitos dietéticos.
  • Necesidades aumentadas debido a la exposición a atmósfera contaminada (grandes ciudades), tabaquismo, infecciones y enfermedades crónicas con componente oxidativo importante.
  • También se ha informado de hipovitaminosis frecuente en personas mayores.
Ingesta adecuada de vitamina C

Asegure un ingesta adecuada de vitamina C incluyendo en su dieta abundantes verduras y frutas.

RECOMENDACIONES FINALES

Para beneficiarse de una función inmune saludable y prevenir las infecciones respiratorias, la población en general debería asegurar una ingesta de vitamina C, que le proporcione niveles en sangre adecuados, aunque no saturantes. Esto es, alrededor de 200 mg/día.

Sin embargo, el Instituto Linus Pauling afirma que, si bien los adultos jóvenes pueden alcanzar niveles en sangre adecuados con un consumo diario de vitamina C de 200 mg, algunas personas podrían necesitar más. Por ello, recomienda una ingesta de vitamina C de 400 mg/día. 

Una ingesta entre 200-400 mg/día puede garantizarse a través de la dieta, consumiendo abundantes verduras y frutas frescas, o bien mediante la suplementación con algún preparado comercial.

Debemos hacer hincapié en que la ingesta de vitamina C debe ser diaria. Dada la muy limitada capacidad de almacenamiento del organismo humano, se requiere un consumo regular (diario) para prevenir la hipovitaminosis. De nada sirve hartarse un día de frutas y vegetales ricos en la vitamina, y permanecer varios días en “ayuno vitamínico C”.

Algunos grupos de población presentan requerimientos metabólicos de vitamina C aumentados. Por lo que sería recomendable alcanzar una ingesta diaria de 300-500 mg. Tal es el caso de habitantes de zonas con alta contaminación ambiental, fumadores y enfermos crónicos. 

Se ha observado que las personas mayores (ancianos) tienen concentraciones plasmáticas de vitamina C más bajas. Estas concentraciones reducidas se asocian con una mayor tasa de mortalidad por cualquier causa. Por lo tanto, los mayores en especial deben asegurar una ingesta adecuada de este maravilloso micronutriente.

Por último, la demanda metabólica durante las infecciones respiratorias es significativamente más elevada. De ahí que para el tratamiento de las infecciones se requiera dosis de vitamina C mayores, de como mínimo 1,5 gr/día

REFERENCIAS CIENTÍFICAS

Primer estudio publicado sobre el tratamiento de la neumonía grave por COVID-19 con vitamina C. 

Reducción de un 20-40% en la incidencia de resfriados en el ejército coreano

Acorta la estancia en la UCI y el uso de respiradores. 

Extensa revisión sobre la vitamina C y su papel en el sistema inmune. 

Existen otros remedios naturales para fortalecer su sistema inmune y ayudar a prevenir y combatir la infección por COVID-19. Puede que le interesen nuestros sguientes post.

Sobre plantas con potentes actividades antivíricas e inmunomoduladoras: Echinacea purpurea, Astragalus membranaceus y Allium sativum

Sobre el fortalecimiento del sistema inmunológico:

Cómo fortalecer el sistema inmunológico en 9+1 pasos.

P´REZ&MÜLLER

Si le ha gustado el artículo Vitamina C y sistema inmunológico, compártalo en redes sociales. También puede suscribirse al blog para recibir por correo notificación de las nuevas entradas y recibir el “Compendio de Terapias Naturales” gratuitamente.

¿Le fue útil este artículo?

Pulse una estrella para calificar

Puntuación media 5 / 5. Recuento de votos 32

4 Comments on “VITAMINA C Y SISTEMA INMUNOLÓGICO”

  1. Excepcional. Es un gran artículo con información muy bien expuesta y entendible y muy documentada. Gracias.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *