HOMOTOXICOLOGÍA O TERAPIA ANTIHOMOTÓXICA

Homotoxicología o medicina antihomotóxica
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La homotoxicología, también conocida como medicina antihomotóxica, constituye una terapia afín a la homeopatía que fue desarrollada por el médico alemán Hans-Heinrich Reckeweg a mediados del siglo pasado. Se trata de un sistema terapéutico, denominado “alternativo” o “complementario”, que unifica la terapia homeopática con la alopática -también conocida como medicina académica u oficial-, de ahí su enorme popularidad no solo entre los profesionales del gremio de la salud, sino entre el público en general.

Aunque los medicamentos utilizados en medicina antihomotóxica son sustancias potenciadas según el procedimiento homeopático, es decir, diluidas, su prescripción terapéutica no se rige por la doctrina original de Hahnemann, el fundador de la homeopatía. Se asemeja más a la prescripción de la medicina alopática.

Otra característica que aleja a la homotoxicología respecto de la homeopatía y de cualquier otra terapia alternativa es la mayor importancia que otorga a los síntomas físicos.

CARACTERÍSTICAS PROPIAS DE LA HOMOTOXICOLOGÍA

El único principio que vincula a la homotoxicología con la homeopatía es el de infinitesimalidad, esto es, el empleo de sustancias diluidas. El resto de principios, tal como los formuló el descubridor Hahnemann, similitud e individualización terapéutica, los pasa por alto parcial o totalmente.

Quien se acerca a una consulta de medicina antihomotóxica, de lo primero que se percata es de que el terapeuta procederá a analizar exhaustivamente o a someterle a toda la batería de pruebas diagnósticas propias de la medicina oficial (radiología, análisis de sangre, etcétera) hasta dar con un diagnóstico clásico de tu enfermedad: anemia, gastritis, psoriasis, artritis reumatoide, etcétera.

Ahora bien, el terapeuta usará medicinas homeopáticas y otros productos diluidos para tratarte. Por tanto, podría afirmarse que la homotoxicología es un eslabón entre la medicina alopática (académica u oficial) y la homeopatía, que diagnostica de acuerdo con la nosología convencional, pero aborda la enfermedad con remedios potenciados homeopáticamente.

Como ya expusimos en la introducción, otra característica que diferencia a la homotoxicología de la homeopatía y de cualquier otra terapia alternativa es la mayor importancia que otorga a los síntomas físicos. Si bien es cierto que aborda los problemas de la esfera psicoemocional del paciente, lo hace con relativa indiferencia.

No obstante, una particularidad especialmente que la distingue tanto de la medicina académica como de la homeopatía (y la acerca, en cambio, a la naturopatía) es el amplio uso que hace de la teoría de la toxemia en la explicación etiopatogénica de la enfermedad. Podría decirse que la toxemia constituye el fundamento teórico básico en torno al que se desarrolla toda la práctica homotoxicológica.

TOXEMIA Y ENFERMEDAD, SEGÚN LA HOMOTOXICOLOGÍA

El nombre homotoxicología procede del término homotoxina, acuñado por el fundador, Reckeweg, para referirse a las toxinas, residuos o desechos, tanto endógenos como exógenos, con capacidad potencial de desequilibrar el organismo humano y enfermarlo.

Esta terapia afín a la homeopatía concibe la enfermedad como una reacción defensiva del organismo frente a una carga tóxica que pone en riesgo la homeostasis. Cuando el balance entre el ingreso y la eliminación de toxinas es desfavorable y comienza a constituir un problema para la conservación del equilibrio del medio interno, el organismo reacciona activando lo que Reckeweg denominó Sistema de la Gran Defensa. Este sistema pone en marcha una serie de mecanismos con el objeto de deshacerse del exceso de toxinas y recobrar el estado de salud.

No resulta difícil darse cuenta de la semejanza existente entre los postulados de Reckeweg y uno de los fundamentos teóricos más importantes de la naturopatía, la teoría de la toxemia. En las propias palabras del fundador de la homotoxicología:

 «… todos aquellos procesos, síndromes y manifestaciones que conocemos como enfermedades son la expresión de la lucha del organismo contra las toxinas y de su intención de neutralizarlas y excretarlas. El organismo ganará o perderá esta lucha. Esos procesos que denominamos enfermedades son siempre procesos biológicos, es decir, procesos teleológicos naturales, que sirven para la defensa contra las toxinas y la destoxicación.»

Homotoxicología

TEORÍA DE LAS FASES DE LA ENFERMEDAD

En torno a la teoría de la toxemia, procedente de la naturopatía moderna, Reckeweg construyó el cuerpo teórico que define su nueva medicina. El ejemplo lo encontramos en otro de los postulados etiopatogénicos de la homotoxicología, conocidos como teoría de las fases de la enfermedad. Esta teoría sostiene que cualquier patología progresa en tres estadios, definidos de acuerdo con la profundidad alcanzada por las homotoxinas y la gravedad de las alteraciones producidas por ellas: la fase humoral, fase de matriz y la fase celular.

Al fenómeno de progresión de una fase a otra, Reckeweg lo denominó vicariación y distinguió la vicariación progresiva de la regresiva. La vicariación progresiva indica una profundización de las toxinas y agravación de la enfermedad, es decir, una progresión hacia fases más graves y profundas. Por el contrario, la vicariación regresiva es una evolución en dirección a fases más benignas de la enfermedad hacia la curación.

FASE HUMORAL

En este estadío se encuentran involucrados únicamente los fluidos corporales, que circulan por los tres compartimentos fisiológicos. En esta etapa las toxinas aún no han penetrado en el interior de las células ni alterado estructural y funcionalmente la matriz extracelular, por lo que el organismo conserva indemne los sistemas de defensa.

Si el terapeuta prescribe un tratamiento acertado, las toxinas pueden eliminarse con facilidad a través de los diferentes emuntorios naturales, evitando así que la enfermedad progrese hacia estadios de peor pronóstico. Dentro de la fase humoral se distinguen dos subfases, que se corresponden con las crisis curativas de la teoría de la toxemia:

  • Fase de excreción, caracterizada por un incremento de los mecanismos de excreción.
  • Fase de inflamación, en la que se desencadena un proceso inflamatorio que permite acelerar la eliminación de toxinas.

FASE DE MATRIZ

Si el organismo no ha podido eliminar la avalancha de homotoxinas, bien por un exceso de producción o por haberse obstaculizado los mecanismos naturales de eliminación, la enfermedad progresa hacia la fase de matriz. A este fenómeno de progresión de una fase a otra más profunda Reckeweg lo denominó, como ya sabes, vicariación progresiva. La fase de matriz se caracteriza por la deposición de las homotoxinas en la matriz extracelular, es decir, en el espacio que conecta a todas las células del organismo y que cumple unas funciones fisiológicas de gran importancia. Dentro de esta etapa se distinguen dos subetapas: 

  • Fase de deposición. Los mecanismos de excreción han sido sobrepasados y el organismo comienza a acumular homotoxinas en la matriz extracelular. A excepción del apilamiento de residuos que interfiere con algunos procesos de regulación homeostática, la matriz no ha sufrido aún daños estructurales, por lo que esta fase es silenciosa y cursa sin apenas síntomas. Según Reckeweg, en las primeras tres fases, excreción, inflamación y deposición, el organismo conserva la capacidad espontánea y natural de eliminar las toxinas.
  • Fase de impregnación. Las homotoxinas depositadas se integran en la matriz extracelular, en sus propios componentes estructurales y alteran su funcionamiento. A pesar de que en esta etapa el organismo se enfrenta a un aprieto más serio, aún conserva la capacidad de revertir de forma natural el avance de la enfermedad, si se le ayuda convenientemente.

FASE CELULAR

Por último, la enfermedad puede progresar a la fase celular, caracterizada por la invasión del espacio intracelular por homotoxinas, donde interfieren e, incluso, destruyen los sistemas defensivos. En esta etapa la estructura celular se altera, su comportamiento enloquece, su funcionamiento falla y el organismo requiere auxilio, ya que no puede liberarse por sí solo de las toxinas y reparar los daños producidos por ellas.

  • Fase de degeneración. Se producen lesiones y destrucciones de las células de los órganos.
  • Fase de desdiferenciación. Aparecen células indiferenciadas y no especializadas, que dan lugar, finalmente, a las enfermedades malignas.

MEDICAMENTOS EN HOMOTOXICOLOGÍA

Teniendo en cuenta lo descrito anteriormente sobre el origen y desarrollo de la enfermedad, resulta comprensible que la terapéutica homotoxicológica gire en torno al empleo de medicamentos homeopáticos destinados a la desintoxicación orgánica, esto es, remedios con acción antihomotoxinas. De ahí su segunda denominación, medicina antihomotóxica.

Expresado con otras palabras, la homotoxicología emplea una amplia variedad de medicamentos con la finalidad de estimular los sistemas de defensa, autorregulación y desintoxicación para que el organismo pueda eliminar las toxinas, restablecer la función alterada y/o reparar los daños del organismo producidos por las mismas.

A diferencia de la homeopatía, los medicamentos usados por la homotoxicología pueden ser administrados por diferentes vías, como la intravenosa, la intramuscular y la subcutánea. Además de los remedios clásicos fabricados de acuerdo con el principio de dilución infinitesimal, pueden utilizarse también isodes y medicamentos alopáticos homeopatizados.

Medicamentos antihomotóxicos

ISOTERAPIA

La isoterapia es una terapia antiquísima —mucho más que la homeopatía—, basada en el principio de identidad introducido en la práctica homeopática por Guillaume Lux. Cuando una persona, por ejemplo, trata de eliminar los efectos dañinos producidos por la inoculación de veneno de escorpión mediante una preparación con base en el veneno de escorpión, está empleando el principio de identidad que fundamenta la isoterapia, según el cual lo idéntico cura lo idéntico. Como puede imaginar, la isoterapia consiste en el tratamiento con isodes y un ejemplo de isode es el veneno de escorpión.

Actualmente, los isodes no solo comprenden remedios preparados a partir de sustancias que enferman a las personas, sino también aquellos fabricados (a través de la dilución homeopática) de tejidos sanos o enfermos del paciente, como sangre, pus, glándulas, y otros. Dentro de esta categoría destaco el clásico alérgeno homeopatizado. Por ejemplo, una persona alérgica al ácaro del polvo denominado Dermatophagoides pteronyssinus podría beneficiarse enormemente por la reducción de su sensibilidad a él tomando el medicamento Dermatophagoides pter. a la potencia 30CH.

Dentro de la isoterapia se incluyen la organoterapia y la nosodoterapia, aunque hay quien las considera herramientas terapéuticas diferentes.

NOSODOTERAPIA

La nosodoterapia consiste, como su nombre indica, en la administración de nosodes, que son agentes patógenos o mórbidos, cuya virulencia o toxicidad ha sido eliminada por el proceso de potenciación homeopática. El concepto de nosode abarca, por un lado, las sustancias obtenidas del cuerpo del paciente, como sangre, tejidos enfermos, pus, etcétera, y, por otro lado, las sustancias que no proceden del propio organismo, como virus, bacterias, otros gérmenes y tóxicos de índole diversa.

ORGANOTERAPIA

La organoterapia, por su parte, tampoco es nueva y su utilización se remonta a la Antigüedad. Plinio el Viejo describe en su Historia Natural que en la medicina tradicional de la época se usaban los órganos de los animales para el tratamiento de los trastornos de los órganos homólogos del ser humano.

La organoterapia, que algunos consideran una variante de la isoterapia, consiste en la administración de medicamentos homeopáticos preparados a partir de glándulas, órganos o tejidos sanos extraídos de animales. Estos medicamentos son también conocidos como sarcodes y se emplean para corregir la función desequilibrada de los órganos, glándulas y tejidos.

El tratamiento organoterapéutico se rige por dos principios esenciales:

  • Principio de especificidad glandular, que puede resumirse de la siguiente manera: “el órgano actúa sobre el órgano”.
  • Principio de la actividad trifásica de las potencias.   Las potencias bajas (4CH o 5CH) son estimulantes; las potencias medias (7CH) son reguladoras y las potencias altas (9CH, 12CH, 30CH) son depresoras.

Para que lo entiendas mejor, supón que a una persona se le diagnostica de hipotiroidismo y quisiera ser tratada con homeopatía. El homeópata trataría de encontrar el remedio más similar (simillimum) o, si se inclina por la prescripción pluralista, los remedios más similares al cuadro sintomático del paciente. No obstante, podría optar, al mismo tiempo, por prescribir un remedio según el principio de identidad. En este caso le recomendaría tomar la glándula tiroidea y, como el paciente necesita estimular la función de su tiroides, le prescribiría la potencia 4CH. 

Laboratorio -Heel de medicina antihomotóxica

El más famoso laboratorio, creado por el mismo fundador de la terapia Heinrich Reckeweg.

CONCLUSIONES Y EXPERIENCIA PERSONAL

En nuestra experiencia, la homotoxicología es muy efectiva y rápida, y conduce al organismo enfermo, a través de vicariaciones regresivas, hacia un estado óptimo de salud, siempre y cuando el origen de la enfermedad sea físico. No obstante, su prescripción no resulta tan eficaz —insisto en que es nuestra humilde opinión— para el tratamiento de procesos cuyo origen se halle en el plano psicoemocional.

No queremos decir que, a pesar de su énfasis en el plano físico, su acción no abarque los aspectos psicoemocionales. La homotoxicología lo hace, bien directamente, a través de la prescripción de diversos medicamentos generales que engloban la esfera mental, o bien indirectamente, al incidir con eficacia sobre la dimensión física. En este último caso, teniendo en cuenta que somos una unidad funcional compacta, la mejora física del paciente enfermo traerá consigo, sin duda alguna, efectos positivos sobre las dimensiones psicológica y espiritual. No obstante, al no desentrañar el origen profundo del desequilibrio, oculto en el plano psicoemocional, el terapeuta no podrá guiar al paciente hacia una curación completa y permanente si no complementa la terapia homotoxicológica con otras estrategias.

P´REZ&MÜLLER

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