EL EXPERIMENTO MILGRAM: SOMOS BORREGOS

Experimento Milgram, somos unos borregos
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El experimento Milgram es uno de los experimentos clásicos de la psicología social. Stanley Milgram, psicólogo formado en la Harvard University, pero que para su famoso estudio trabajó para la competencia en la Yale University, se preguntó hasta qué punto el ser humano es capaz de actuar en contra de sus convicciones por obediencia a la autoridad. En otras palabras, se cuestionó si somos borregos a merced de los deseos de la autoridad o, por el contrario, actuamos mayoritariamente conducidos por nuestras convicciones.

Para ofrecer respuesta a este interrogante diseñó un experimento que permitiera medir la docilidad humana frente a órdenes emitidas por la figura de poder y contrarias a toda ética y moralidad. Se llevó a cabo en 1961 y los resultados sorprendieron al mundo, tanto a doctos como a profanos: los seres humanos en su mayoría somos borregos.

Básicamente, el estudio trataba sobre memoria y aprendizaje. Consistía en que el participante llamado profesor debía aplicar descargas eléctricas de intensidad creciente cuando el alumno tuviera fallos de memoria. Más tarde, reprodujo el mismo experimento en diferentes situaciones y con participantes de distintas clases sociales, alcanzando idénticas conclusiones.

EL EXPERIMENTO MILGRAM

El estudio involucraba a tres participantes: el director del experimento, el profesor y el alumno. En realidad, el experimento Milgram se centraba en el profesor, porque tanto el director como el alumno eran cómplices y, en definitiva, actores o comediantes.

El director, vestido con bata blanca, explicaba al alumno y al profesor el objetivo del estudio: el efecto del castigo en el aprendizaje. El alumno era llevado a una sala, se le amarraba a una especie de silla eléctrica para que no pudiera moverse y se le colocaban electrodos en las muñecas. Mientras tanto, el profesor observaba el procedimiento.

Acto seguido, el profesor era conducido a otra sala, desde la que no podía ver al alumno (pero sí oírlo) y en la que había dispuesto un imponente sistema productor de chispazos eléctricos. Se sentaba frente al sistema en cuyo tablero existían 30 interruptores con la indicación de descarga en cada uno (de 15 a 450 voltios). Además, podía leer los efectos, que oscilaban entre choque ligero, choque moderado, choque fuerte, choque muy fuerte, choque intenso, choque de intensidad extrema y choque grave: peligro.

Antes de iniciar el experimento, el profesor debía experimentar en sus carnes una descarga de 45 voltios para que tuviera certeza de que el aparato funcionaba.

DA COMIENZO EL EXPERIMENTO MILGRAM

El experimento Milgram era un montaje cuyo objetivo consistía en medir hasta dónde podía llegar la obediencia del profesor. Este desconocía completamente que, en realidad, el alumno no recibiría choques eléctricos y que sólo era un actor de los buenos.

El alumno leía una lista de pares de palabras. Posteriormente, se le pedía que recordase la segunda palabra cuando el profesor repetía la primera. Si fallaba, el profesor siguiendo las órdenes del director del experimento sometía al alumno a una descarga eléctrica. Ese era el castigo. Por cada error que cometía el alumno, el profesor recibía una orden del director para que aumentase en 15 voltios la intensidad de la descarga eléctrica.

Recuerde que el alumno no recibía choques eléctricos, que era un simulador. Cuando las descargas superaban los 75 voltios, el alumno comenzaba a lamentarse. Los lamentos se hacían más vivos a medida que las descargas aumentaban en intensidad. A los 125 voltios el alumno gritaba de dolor. Si el profesor dudaba, el director insistía en que debía continuar: -… siga, por favor... -, -… continúe, por favor...-. Cuando la corriente eléctrica superaba los 150 voltios, el alumno, entre alaridos de dolor, solicitaba abandonar el estudio. Si el profesor pretendía dejar los castigos, el director les recordaba que se había comprometido con el experimento y debía continuar -… no tienes otra opción, debes seguir adelante...-.

Algunos alumnos se quejaban de tener problemas cardíacos y exigían abandonar el experimento. Aún así, el director ordenaba seguir adelante con las descargas. Cuando estas alcanzaban los 270 voltios, los gritos del alumno eran agónicos. A partir de los 300 voltios, simulaba estertores, dejaba de lamentarse y no respondía a las preguntas. Si el profesor preguntaba si habría ocurrido algo serio y exigía dar por finalizado el experimento, el director le requería que continuase.

RESULTADOS DEL EXPERIMENTO MILGRAM

Los resultados sorprendieron al equipo de investigadores. Los psiquiatras habían vaticinado que la mayoría de participantes profesores se rebelarían y desobedecerían, dando por finalizado el experimento Milgram a los 150 voltios. Es lo lógico, ¿verdad? Ninguno de nosotros concebiría aplicar descargas crecientes a un alumno como forma de castigo por su falta de memoria. Y menos cuando este comienza a gritar, lamentarse de dolor y pedir que lo liberen, ¿no es cierto? De hecho, una encuesta realizada antes del experimento a ciudadanos de a pie, que incluían a psicólogos, pronosticó 0% de obediencia al director a partir de los 130 voltios.

La realidad fue muy diferente. De los 40 participantes reclutados para el experimento Milgram que adoptaron el papel de profesor, 25 terminaron el experimento. Es decir, el 62.5% aplicó los 450 voltios al alumno desmemoriado, incluso a pesar de que a partir de los 300 pareciera estar inconsciente o sin vida. Si bien es cierto que muchos se sintieron mal, pusieron múltiples objeciones y resistencia, obedecieron hasta el final. Muchos se rebelaron en cierto modo, justificando su conducta de formas diferentes; sin embargo, apretaron la palanca que administraba cientos de voltios al alumno.

CRÍTICAS Y NUEVOS EXPERIMENTOS

Algunos miembros del equipo criticaron el diseño del experimento y, por tanto, invalidaron los resultados. Según afirmaban los detractores, los participantes profesores eran exclusivamente estudiantes de la Yale University. Argumentaron que los jóvenes universitarios tenían tendencia a la agresividad y competitividad.

Teniendo en cuenta esta certera observación, Milgram realizó una serie de experimentos con sujetos de diferentes edades, estrato social y ocupación. Repitió los estudios en varios países y … ¡sorpresa! Los resultados no sólo eran semejantes, sino que en muchos casos el grado de obediencia obtenido fue superior.

Para abarcar un amplio espectro de situaciones y que no hubiera duda alguna de los resultados, Milgram introdujo múltiples variantes. Resumimos a continuación los hallazgos de algunos de los distintos escenarios de experimento Milgram:

  • ¿Las mujeres mostrarían el mismo nivel de obediencia que los hombres? Pues sí, aunque ellas manifestaron haber sufrido mayor nivel de estrés.
  • ¿Qué sucedería si el profesor se encontraba más cerca físicamente del alumno? En este caso, la obediencia disminuía.
  • ¿Y si se alejaba al director del experimento del profesor? También se reducía la obediencia. En uno de los experimentos el director daba las órdenes al profesor por vía telefónica y la obediencia se redujo en un 21%. Aún así, ¡más del 40% de los participantes profesores obedecieron hasta el final!
  • ¿Qué sucedería si el profesor estuviera acompañado de otros profesores (actores-simuladores)? La influencia del profesor/es simulador/es era decisiva en la conducta del participante profesor. Cuando el/los profesor/es simulador/es se negaba/n a continuar, el 90% de los participantes profesores se rebelaba a la autoridad del director.
Stanley Milgram y el sistema generador de descargas eléctricas

Stanley Milgram y el sistema generador de descargas eléctricas.

POSIBLES INTERPRETACIONES

Los resultados del experimento de Milgram motivaron múltiples interpretaciones. La más común aseguraba que el ser humano posee en su naturaleza la semilla del sadismo. Desde esta perspectiva, las personas poseemos instintos agresivos que luchan por expresarse. Sin embargo, una de las variantes del experimento negaba absolutamente esta interpretación.

Milgram se preguntó qué sucedería si se permitiera al profesor escoger libremente el nivel de descarga a aplicar ante los errores de memoria del alumno. Este estudio involucró 71 participantes profesores y sorprendentemente la gran mayoría aplicó descargas indoloras. Sólo 2 llegaron a intensidades eléctricas superiores a los 300 voltios. De modo que, si nos dejan elegir, sin obligaciones emitidas por una figura de autoridad, demostramos no ser sádicos.

Milgram elaboró dos posibles explicaciones. La primera basada en la teoría de la conformidad social de Solomon Asch. Esta teoría la exponemos en nuestro artículo «¿Es usted un borrego?». Según Milgram, en determinadas situaciones los individuos diluyen su capacidad de tomar decisiones y la transfieren al grupo social o a la estructura jerárquica. Es decir, en un contexto crítico, dejamos de pensar y nos conducimos de acuerdo con el consenso grupal. Lo que hace la gente, hacemos nosotros. Lo mismo sucede con la autoridad. Abandonamos nuestra habilidad crítica y obedecemos ciegamente al jefe de turno.

La reificación o cosificación es otra de las explicaciones mediante la que Milgram trata de explicar la obediencia irracional observada en los experimentos. De acuerdo con esta propuesta, el individuo obediente ha dejado de concebirse como un ser consciente y libre para verse como una cosa que hace los deseos de otra persona. De este modo no se siente responsable de sus actos, pudiendo llegar a cometer barbaridades como las observadas en los experimentos.

SOMOS BORREGOS ALIENADOS

En el artículo «¿Es usted un borrego?» describimos uno de los más célebres experimentos de la psicología social. Solomon Asch descubrió que un elevado porcentaje de la población se conforma a -o adopta- la opinión, actitud y conducta del grupo, a pesar de que sea lo más absurda e ilógica del universo. Esto es ser un borrego. Moverse al paso y dirección del rebaño, perder la habilidad de reflexionar críticamente, con lógica, y aceptar con sumisión los designios del perro pastor.

Además de ser borregos, estamos alienados. Al obedecer ciegamente llegamos a considerarnos como instrumentos para realizar los deseos de la autoridad. Nos sentimos responsables ante esa autoridad, pero no de los actos que se nos ordena ejecutar. En muchas ocasiones, por supuesto, no en todas, sabemos que lo que hacemos no está bien. No perdemos el sentido moral, pero nos sometemos a los deseos de la autoridad porque es nuestro deber, por el sentido de lealtad o disciplina.

En la situación de obediencia a las órdenes no éticas –más bien crueles- de la autoridad, se produce un desdoblamiento del yo. Del yo borreguil, desde luego. Por un lado, el borrego conserva su yo ético o moral (conciencia), pero deriva su yo ejecutor (deber) hacia el de la autoridad. Este modo de alienación permite que el sujeto obediente no se sienta responsable de sus actos. Solo asumiría responsabilidad si sus actos emanaran de su yo, pero al haberlo desdoblado, cual psicótico de atar, pierde ese sentimiento de culpa. No posee unidad psíquica.

Somos borregos y marionetas. Experimento Milgram

ALGUNOS SOMOS BORREGOS QUE PATALEAN

Como hemos descrito anteriormente, algunos borregos pataleaban antes de obedecer. No cabe duda de que deshacer la unidad psíquica y desdoblarla en dos yos opuestos puede servir para no asumir responsabilidad, pero no evita el conflicto.

Cuando la conciencia y el sentido del deber se movilizan en sentidos opuestos, necesariamente aparece el conflicto. ¿Qué hace el borrego en esa situación? Pues balar con mayor o menor intensidad mientras patalea con mayor o menor vehemencia. Pero al final obedece. Los balidos y el pataleo no son más que un mecanismo psicológico para aliviar la tensión o conflicto que surge del alienamiento.

LOS PELIGROS DE LA OBEDIENCIA

Años más tarde, en 1974, Milgram publicó una obra titulada «The Perils of Obedience» («Los peligros de la obediencia») en la que resumió los resultados e interpretaciones de sus experimentos. El mejor modo de describir el contenido del libro es plasmando un párrafo que hemos seleccionado para usted:

-… Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son de enorme importancia, pero dicen muy poco sobre cómo la mayoría de la gente se comporta en situaciones concretas. Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio…- 

CONCLUSIONES DEL EXPERIMENTO MILGRAM

En sus reflexiones, Milgram señala un aspecto muy importante de sus experimentos a tener en cuenta. La autoridad del director no era fuerte, pues no poseía los medios de coerción con los que cuentan los Estados. En ningún caso durante los estudios se coaccionaba a los participantes. No se les amenazaba con multas económicas, pérdida de empleo o simplemente con convertirlos en exiliados sociales (como los leprosos en la antigüedad). A pesar de todo, los resultados fueron sorprendentes: se consiguió un nivel de obediencia increíble. Es decir, somos borregos extremadamente dóciles. No hace falta que el pastor mueva el palo o que el perro muestre sus dientes para que obedezcamos.

Para terminar, nuevamente traemos las palabras escritas del autor de los experimentos, Stanley Milgram:

-... ¿Podremos evitar de algún modo este potencial aterrador, esta fácil aceptación de la autoridad, aún la mal dirigida o la perversa? Quizás seamos marionetas o muñecos movidos por los hilos de la sociedad. Pero al menos somos marionetas con percepción, con conciencia. Y tal vez nuestra conciencia sea el primer paso para liberarnos. El hecho de que la obediencia sea muchas veces un imperativo de la sociedad humana no reduce nuestra responsabilidad como ciudadanos…-.

Próximamente, analizaremos las consecuencias de esta psicología borreguil en el contexto mundial actual. Mientras tanto, pregúntese que haría usted si la autoridad gubernamental le ordenase algo que entrara frontalmente en conflicto con su conciencia. ¿Obedecería?, ¿se rebelaría, pero acataría los deseos perversos del Estado? ¿Cómo sería su rebelión? ¿Huiría y se convertiría en un nómada digital o en viajero perpetuo?

 

P´REZ&MÜLLER

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