La carne es buena o mala. Debate abierto

¿LA CARNE ES BUENA O MALA? DEBATE ABIERTO

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Hace unas semanas, Hugh le pidió consejo a su padre, Jaakob. En unos días tendría lugar un debate en clase de filosofía: “¿La carne es buena o mala?”. Junto a tres compañeros, el hijo de Jaakob debía defender el consumo de carne frente a quienes lo consideran perjudicial y ante la atenta mirada del profesor. 

Le mostró los argumentos que habían estado preparando desde hacía unos días para que Jaakob le diera su opinión. La sorpresa fue grande al ver la original y completa tesis, organizada y detallada de modo sistemático, que unos alumnos de 16 años pretendían defender.

Curioso resulta también que se hubiera escogido la carne como motivo de controversia. Y es que si hay un alimento demonizado durante las últimas décadas –fundamentalmente desde hace 4 años-, ese es la carne, sobretodo la roja y la procesada.

A continuación, exponemos y resumimos todos y cada uno de los argumentos que usaron los alumnos en favor de incluir la carne en una dieta saludable. Trataron de convencer a sus compañeros y al profesor de que la carne es buena. Aunque no creemos que lo consiguieran. El debate permanece muy abierto en nuestra sociedad. 

LA DEMONIZACIÓN DE LA CARNE

Si hay un alimento en el punto de mira de las instituciones sanitarias, ese es la carne en general, y la carne roja en particular. Desde mediados del siglo pasado ha sufrido ataques desde diversos frentes. Por un lado, se afirma que su alto contenido en grasas saturadas y colesterol aumentan los niveles de colesterol en sangre, el cual, aunque imprescindible para la vida, constituye un factor de riesgo para las enfermedades cardiovasculares.

Por otro lado, se ha demostrado que tanto la digestión de la carne como su procesamiento térmico liberan compuestos químicos cancerígenos, que podrían hallarse involucrados en un mayor riesgo de cáncer.

Y por si fuera poco, han aparecido las razones de sostenibilidad, ecológicas y medioambientales, así como las éticas para echar por tierra cualquier deseo de comer carne.  

Para más inri, en octubre del 2015, el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer de la OMS emitió un informe alarmante en relación con el consumo de carne. Después de la revisión de diferentes estudios epidemiológicos u observacionales se concluyó que, aunque la evidencia es limitada, la carne roja es probablemente cancerígena. Se la incluyó en el grupo de carcinógenos 2A y se la relacionó con el desarrollo del cáncer colorrectal, de páncreas y próstata.  

La peor parte se la llevó la carne procesada. Procesada hace referencia a los procesos de transformación a través de la salazón, el curado, la fermentación, el ahumado, u otros procesos para mejorar su sabor o su conservación. El jamón sería una carne procesada. Pues bien, para la OMS había suficiente evidencia para incluirla en el grupo 1 de carcinógenos, junto al tabaco, el amianto, etc. Esto significa que, sin duda, la carne procesada causa cáncer, en concreto, cáncer colorrectal. Aunque también se asocia con el de estómago.

La carne es buena

¿ES BUENO COMER CARNE?

El dictamen de la OMS generó una alarma sanitaria y mediática de envergadura. Se consiguió lo que tal vez se pretendía: el descenso del consumo cárnico.

La noticia fue duramente criticada por la industria productora –como cabría esperar- y el sector de consumidores. Buena parte de la población interpretó que una dieta saludable consistía en excluir por completo la carne. Y los aficionados al chuletón comenzaron a pensárselo dos veces antes de hincarle el diente a una pieza.

Pero no quedó la cosa ahí. Las críticas encarnizadas (buena palabra esta) también procedieron del propio stablishment científico. Numerosos científicos han acusado a la OMS, y siguen haciéndolo hasta la fecha, de crear una alarma no sólo injustificada, sino falsa.

Con todo, la alarma se creó y el miedo cundió. Desde entonces existe un debate sin tregua ni cuartel entre ambos bandos.

DEFENSA DE LA CARNE REAL

Los jóvenes se disponían a defender el consumo de carne en un escenario sumamente complejo y que parecía totalmente en su contra. Aun así, pensaban que la carne es buena. Debatieron y postularon la necesaria incorporación de la carne como componente básico y necesario de una dieta saludable, óptima y equilibrada. 

Ahora bien, partieron de dos premisas que expusieron brevemente en su introducción. Dos premisas necesarias para evitar confusiones e interpretaciones erróneas.

Primera premisa. Ellos justificarían a toda costa la ingesta de carne real. En ningún caso la carne procedente de la ganadería intensiva. A su juicio, ese producto alimenticio al que llaman carne no puede considerarse como tal, de la misma manera que no son vegetales aquellos cultivados intensivamente, mediante el uso indiscriminado de pesticidas, yerbicidas, abonos químicos o ingeniería genética.

Teniendo en cuenta que carne es la parte del animal formada principalmente por la musculatura, excluyeron del debate las vísceras. Si las hubieran tenido en cuenta, quizá el debate se habría inclinado más a su favor, dadas las cualidades nutricionales de las mismas, que complementan la carne a la perfección.

Segunda premisa. En ningún caso los alumnos apoyarían el carnivorismo humano. No defenderían, por ejemplo, el consumo de más de 150 kg de carne al año –casi medio kilo al día-, que ingiere el estadounidense promedio. Antes al contrario, las propiedades beneficiosas de la carne serían defendidas en el contexto de una dieta equilibrada y variada. Una dieta variada que incluya abundantes alimentos de origen vegetal, pescado, huevos, lácteos y, por supuesto, carne.

Carne ecológica, carne real

LA CARNE ES BUENA. LOS ARGUMENTOS

Buena parte de los estudios en los que se basó la OMS para dictaminar sobre la carne son epidemiológicos u observacionales. Así que los alumnos comenzaron la defensa con el mayor estudio observacional. Existe una estrecha y evidente relación entre el incremento de alimentos de origen animal (entre los que destaca la carne), la disminución del consumo de cereales y el aumento de la longevidad. Todos los países cuyos habitantes gozan de elevada esperanza de vida han sufrido cambios dietéticos similares.

No obstante, el argumento anterior se les antojaba excesivamente simple. Así que apoyaron su postura en argumentos variados procedentes fundamentalmente de cuatro fuentes: la ciencia de la nutrición, la ciencia antropológica, la teoría evolutiva y la primatología. Hay más, aunque de menor importancia.

LA CARNE ES BUENA DESDE UNA PERSPECTIVA NUTRICIONAL

Si se excluyen las vísceras, no existe ningún alimento tan denso nutricional y energéticamente como la carne. Proporciona más energía y proteínas de alto valor biológico por unidad de peso que cualquier otro alimento. Para muchos, esta sería razón suficiente para saber que la carne es buena

En la era de la abundancia, de la que disfruta buena parte del planeta, la riqueza energética de un alimento ya no es tan importante. De hecho, para muchos puede ser un inconveniente cuando se trata de combatir el sobrepeso. No obstante, la densidad energética de la carne no es vacía. Se acompaña de un valor nutritivo excepcional. Por ello, eliminar la carne de la dieta resultaría cuando menos paradójico, si se tiene en cuenta que se perderían gran cantidad de nutrientes beneficiosos para el cuerpo.

Como hemos mencionado, sus proteínas son de elevado valor biológico. Esto significa que no sólo su asimilación es alta, sino que contienen todos los aminoácidos esenciales. Los aminoácidos esenciales son aquellos que el organismo no puede sintetizar y debe forzosamente obtenerlos a través de la alimentación. El cuerpo debe disponer de todos los aminoácidos para su funcionamiento, para producir enzimas, anticuerpos y para los procesos de reparación. Cuando se acaban las reservas de algún aminoácido esencial, algunos procesos orgánicos se paralizan.

Es cierto que existen otros alimentos de origen animal, y algunos de origen vegetal, que contienen todos los aminoácidos esenciales. Sin embargo, la carne es el único que los incluye en las proporciones relativas más adecuadas. ¿Qué quiere decir esto? Que las proporciones de aminoácidos esenciales en los vegetales y el cuerpo humano son muy diferentes. De ahí la utilidad nutricional de aquellos alimentos que los contienen en proporciones semejantes. Por tanto, la carne es la mejor opción para cubrir los requerimientos de aminoácidos esenciales.

LA IMPORTANCIA DE LAS GRASAS

Pero aún hay más. La carne es buena porque contiene un macronutriente necesario y esencial en una dieta saludable. Este es la grasa. Se requiere para la absorción, el transporte y el almacenamiento de las vitaminas liposolubles A, D, E y K. Estas vitaminas intervienen en numerosos procesos y mejoran, entre otras cosas, nuestra vista, fecundidad, fortaleza ósea y la coagulación de la sangre.

Para que se haga una idea de la importancia de la grasa tenga en cuenta que constituye más del 60% del peso del cerebro y el 50% del sistema nervioso en general. Esas grasas son principalmente el ácido graso araquidónico o AA (un ácido graso poliinsaturado omega 6) y el ácido graso docosahexaeonico o DHA (poliinsaturado omega 3). Ambos son ácidos grasos esenciales (AGE), es decir, que el organismo humano no puede sintetizar y deben ser ingeridos en la dieta. Una fuente de ambos tipos de grasas es la carne. Eso sí, la carne real, la procedente de animales criados con pastos y no de aquellos provenientes de la ganadería intensiva.

El cerebro y las grasas

ÁCIDOS GRASOS EN EL REINO VEGETAL

A decir verdad, algunos vegetales, como leguminosas y semillas, son ricos en esas grasas poliinsaturadas. Así las cosas, habrá quien crea que no es indispensable la ingesta de productos de origen animal para obtener los AA y DHA. Tiene razón quien afirma que el reino vegetal nos provee de estos ácidos grasos poliinsaturados (AGE). Ahora bien, lo hace en su versión simple.

Verá usted. Las semillas y leguminosas contienen dos AGE: el linoleico y el alfa linolénico, ambos con 18 carbonos. El problema radica en que esos AGE no son utilizables directamente en la estructura del sistema nervioso. Antes deben ser transformados en ácidos grasos más complejos (en AA, con 20 carbonos, y en DHA, con 22). Pues bien, a diferencia de los mamíferos herbívoros, el organismo del ser humano transforma poco y mal los ácidos grasos más simples obtenidos de las plantas en los más complejos AA y DHA. Se calcula que podemos convertir escasamente un 2-3% del ácido alfa linolénico en DHA. ¿Comprende el enorme beneficio de la carne?

GRASAS, COLESTEROL Y ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR

Hace ya unas décadas que la carne se situó en el punto de mira por su contenido en grasas saturadas y colesterol. Se alertaba de que la ingesta de carne podía incrementar los niveles de colesterol en sangre, lo cual constituye un factor de riesgo de la enfermedad cardiovascular

Pues bien, un importante estudio publicado en 2006 demostró que una dieta baja en grasas no logra proteger contra los infartos o los ictus. Más recientemente, una amplia revisión de estudios científicos ha concluido que las recomendaciones que inciden en la reducción drástica del consumo de grasas saturadas no ayudan a bajar los niveles de colesterol. Es decir, que eliminar la carne con el objeto de reducir la ingesta de grasa saturada y colesterol, y así disminuir los niveles en sangre del satánico colesterol, no parece una medida razonable.

No encontramos ningún estudio que demuestre que la dieta, por sí sola, sea responsable de los elevados niveles de colesterol. Por otro lado, sólo una pequeña fracción del colesterol en sangre proviene de los alimentos. La mayor parte es fabricado en nuestro hígado. La vida sedentaria, la obesidad, la deficiencia de micronutrientes en la dieta y el estrés tienen más que ver con la elevación del colesterol que el consumo de carne. 

De hecho, se sospecha que la demonización de las grasas saturadas no sea más que una exitosa argucia publicitaria de la industria azucarera para desviar la atención de las numerosas evidencias que estaban apareciendo en su contra. Tal vez, como proponen cada vez más científicos desde hace años, deberíamos dejar de culpar a la grasa y fijarnos más en nuestra alimentación general. ¿Por qué no prestamos más atención a los hidratos de carbono refinados y los azúcares?

¿Grasas, colesterol y enfermedad cardiovascular? Relación no tan demostrada

REALMENTE EL COLESTEROL ES TAN MALO COMO LO PINTAN

El colesterol no es el demonio como quieren hacernos creer. Es indispensable para el buen funcionamiento del organismo. Se trata de un tipo de lípido esencial en la estructura de las membranas celulares, que contribuye a su fluidez y regula el intercambio celular de otras sustancias. Además, es precursor de las hormonas esteroideas, como los andrógenos y estrógenos, así como de la vitamina D, cuyo déficit, tan frecuente en la actualidad, está relacionado con la aparición de enfermedades crónico-degenerativas, autoinmunes y el cáncer.

Cuando se dice que el colesterol se asocia a la enfermedad cardiovascular no significa que el colesterol sea la causa de la misma. Lo que indica es que existe una causa que produce un incremento del colesterol en sangre y al mismo tiempo un aumento del riesgo cardiovascular. De hecho, se sabe que existe riesgo cardiovascular alto con cifras de colesterol bajas. Y al revés, un riesgo cardiovascular bajo con niveles de colesterol alto. Tenga en cuenta el siguiente dato antes de extraer conclusiones: hasta el 60% de los pacientes con afecciones cardíacas no presentan colesterol elevado.

Los estudios indican que muchos factores intervienen en la incidencia de las enfermedades cardiovasculares. Uno muy importante es el estrés, que sufren tanto veganos como consumidores de carne.

CARNE Y CÁNCER DE COLON

Cuando la OMS en 2015 afirmó que la carne roja era carcinógena, surgieron feroces críticos y detractores. Muchos científicos no estuvieron de acuerdo con su certera asociación con el cáncer colorrectal. Uno de ellos fue Gordon Guyatt, del Departamento de Epidemiología Clínica y Bioestadística de la Universidad McMaster (Canadá), quien no creía justificada la alerta.

Pablo Alonso-Coello, investigador del Centro Cochrane Iberoamericano del Instituto de Investigación Biosanitaria Sant Pau, tras realizar una revisión sistemática de la literatura científica afirmó que “Estas recomendaciones no realizaron un análisis en profundidad de todos los estudios disponibles… y que la relación causa-efecto entre estos alimentos y un aumento de la mortalidad está insuficientemente probada”. También afirmó que la relación entre el consumo de carne y el cáncer de mama, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares es irrelevante estadísticamente.

Tanto Guyatt como Alonso-Coello habían participado, junto a 12 investigadores más, en una revisión sistemática de cientos de estudios científicos. Las conclusiones se publicaron el 1 de octubre de 2019. En resumen, vienen a decir que la OMS se habría precipitado y equivocado por mucho. Los resultados del metaanálisis recomiendan que, mientras no haya evidencia de mayor certeza, se continúe consumiendo carne roja y procesada.

MICROBIOMA Y CARNE

Las bacterias del intestino aportan al ser humano beneficios extra en el consumo de carne.

Algunas bacterias de la microbiota intestinal fermentan las proteínas de la carne y producen metabolitos beneficiosos. Cabe señalar los ácidos grasos de cadena corta (AGCC), entre los que destaca el butirato, que la fuente principal de energía para los colonocitos.

Asimismo, la fermentación de las proteínas de la carne genera ácidos grasos de cadena ramificada (o iso-AGCC). Como, por ejemplo, el isobutirato, isovalerato, valerato y hexonoato. Estos tienen una actividad anticancerígena demostrada.

Microbioma, un gran aliado en la nutrición

Microbioma, un gran aliado para la nutrición y metabolismo humano.

FUENTE DE MICRONUTRIENTES

Por último, la carne aporta al ser humano su elevado contenido en micronutrientes. Contiene vitaminas liposolubles, como la A y la E, así como vitaminas hidrosolubles en cantidades importantes, como la B12, casi inexistente en el reino vegetal. Asimismo, nos proporciona minerales y oligoelementos como el zinc, selenio, fósforo, magnesio y sobretodo hierro de elevada biodisponibilidad (del que carecen los vegetales).

Qué duda cabe de que la carne es un alimento completísimo.

LA CARNE ES BUENA DESDE EL PUNTO DE VISTA ANTROPOLÓGICO

Existe una preferencia por la carne en todas las sociedades, es decir, una preferencia universal. Todas las sociedades del mundo han valorado la carne por encima del resto de alimentos. De hecho, algunos antropólogos afirman la existencia de un ansia por la carne en la especie humana. Y no creemos que esta preferencia sea el resultado de un capricho o casualidad.

Los cazadores recolectores, por ejemplo, que es la forma de vida más duradera y eficaz, que ha llegado hasta nuestros días, saben lo que cuesta sobrevivir. De ahí que en la elección del alimento tengan en cuenta la disponibilidad, el rendimiento calórico y otras cualidades nutricionales. Por ello, mientras haya carne disponible no pierden un solo minuto en conseguir otros alimentos.

Los sharanauhas de Sudamérica están constantemente preocupados por la carne. Las mujeres se burlan de los hombres para persuadirlos a salir de caza. Los kaikang afirman que la carne es el plato principal de la dieta y lo demás guarnición. Los sirionos desean la carne sobre cualquier alimento. Para los shavantés la carne supera en estima a cualquier otro alimento. Los !kung valoran más la carne que los alimentos de origen vegetal. Los nativos de Australia y las islas del Pacífico meridional tienen sentimientos análogos. Los cazadores-recolectores y horticultores se quejan de estar hambrientos de carne.

Dígales a las gentes de estas sociedades que la carne es mala. Para ellos la carne es buena,… Bueno, la carne es el mejor de los alimentos para ellos. 

Por último, los estudios etnográficos nos proporcionan evidencias muy a tener en cuenta. Muchos grupos con elevado consumo de grasas y colesterol, como los lapones y esquimales, presentan una incidencia de enfermedad cardiovascular y cáncer colorrectal muy reducida.

¡Kung y la carne

La alimentación de los !Kung depende casi al 80% de los vegetales.

LA TEORÍA EVOLUTIVA NOS MUESTRA QUE LA CARNE ES BUENA

La carne forma parte de la dieta del género humano desde su aparición hace más de 2,5 millones de años. La primera Gran Transición Alimentaria, protagonizada por Homo habilis, consistió en la introducción de mayores proporciones de carne. Aunque podemos irnos aún más atrás en el tiempo, hasta nuestros antecesores los homínidos arcaicos, como Australopithecus anamensis y A. garhi. Estos incorporaron la carne en su alimentación.

Sin la carne no hubiéramos llegado a ser lo que somos. Al menos así lo afirma la teoría del tejido costoso, desarrollada por Leslie C. Aiello y Peter Wheeler. Según la citada teoría, una ingesta regular de alimentos nutritivos y altamente calóricos, como lo son la carne y la grasa, fue imprescindible para la expansión cerebral. La carne, más fácilmente digerible que los fibrosos vegetales, permitió un acortamiento del intestino al tiempo que el cerebro crecía.

Al acortarse el intestino, nuestra anatomía comenzó a parecerse más a la de los animales carnívoros que a la de los herbívoros. Nos quedamos en un punto intermedio. Tenga en cuenta que los herbívoros poseen intestinos largos que les permiten digerir y asimilar la celulosa de las plantas. Así como extraer de los pobres vegetales toda la energía posible. Y los carnívoros lo tienen corto para deshacerse rápidamente de los desechos del alimento digerido.

El acortamiento intestinal fue una adaptación a alimentos de alta calidad, concentrados desde el punto de vista nutricional y rápidamente digeribles, como la carne. Al mismo tiempo, nos desadaptó parcialmente a una dieta rica en vegetales fibrosos. 

¿QUÉ TIENE QUE DECIR NUESTRA DENTADURA EN ESTE DEBATE?

Ciertamente nuestra dentadura se parece más a la de los herbívoros. Sin embargo, la anatomía del aparato masticador no guarda tanta relación con la dieta como el intestino, donde reside la capacidad de digerir los alimentos y absorber los nutrientes. De hecho, hay herbívoros con colmillos, como el elefante. También los hay con una dentadura carnívora y que son herbívoros, como el oso panda. 

En definitiva, parece ser que somos omnívoros, lo fueron nuestros antepasados e, incluso, los homínidos arcaicos de los que procedemos.

¿ESTAMOS HECHOS PARA COMER CARNE? EL CASO DE LOS CHIMPANCÉS

Una última prueba más de que estamos hechos para comer carne, entre otros alimentos. Nosotros y los chimpancés procedemos de una especie extinta que habitó las selvas africanas hace más de 5 millones de años. Las evidencias moleculares confirman la semejanza de ambas especies. Compartimos más del 98% de nuestros genes. Este parecido hace que nos encontremos genéticamente más cerca del chimpancé de lo que lo está la cebra del caballo.

Pues bien, a los chimpancés les encanta el alimento de origen animal. De hecho, invierten una notable cantidad de tiempo y esfuerzo en obtenerlo. No sólo nos referimos al gusto por los insectos, pequeños vertebrados y las larvas. Les encanta la carne de animales de mayor tamaño. Con frecuencia organizan pequeñas partidas de caza y demuestran una habilidad cinegética impresionante.

Léase La alimentación de los primates.

La extraña preferencia de los chimpancés por la carne

No es el animalito sensible que se alimenta de plátanos. Se trata de un cazador experimentado.

¿COMER CARNE ES PERJUDICIAL PARA EL MEDIOAMBIENTE?

Existe evidencia de que los miles de millones de animales criados para carne producen ingentes cantidades de gases de efecto invernadero. No cabe duda de ello. Este hecho se traduce en un impacto medioambiental, que contribuye al calentamiento global. Al mismo tiempo, la ganadería intensiva requiere una inversión excesiva en tierras de cultivo, agua y energía. Todo un derroche, por cierto. Sin embargo, estos argumentos no les parecieron de envergadura suficiente a los alumnos en favor de eliminar completamente la carne de la dieta. El problema podría solucionarse con una producción y consumo sostenible.

Los alumnos insistieron en defender la ingesta de carne y en que la carne es buena en el contexto de una dieta variada. Pero en ningún caso apoyaron la ingesta de proporciones de carne propias de un carnívoro, ni procedente de la ganadería intensiva.  

Reducir el consumo de carne a niveles razonables, y carne procedente de ganadería extensiva, podría ser una solución al problema ecológico.

¿ES ÉTICAMENTE INCORRECTO COMER CARNE?

Los alumnos no creían que existieran argumentos contra quienes voluntariamente deciden abstenerse de consumir carne por motivos éticos. Aquellos que no conciben sesgar la vida de un animal para alimentarse de su carne, tienen una razón de gran valor.

Sin embargo, recuerdan que el ser humano ha debido matar para sobrevivir. Y se preguntan si en aras de la supervivencia podría considerarse antiético alimentarse de carne.

Si nos encontráramos en un mundo idílico, los motivos éticos serían incontestables. No obstante, vivimos en este mundo, muy alejado del predicado para el futuro por algunas tradiciones espirituales. Aún no ha llegado el día en que el león paste junto a la oveja. Desde que se tiene memoria y hasta que no llegue ese futuro, matar para comer ha formado parte de la existencia. En la naturaleza unos se comen a otros. Es un acto natural ¿Puede ser no ético un acto natural?

Los alumnos continuaron esgrimiendo argumentos de índole filosófica que no queremos desarrollar en este artículo. Razonaron acerca de la verdad absoluta y el relativismo ¿Quién podría atreverse a imponer un patrón ético-moral en este mundo donde impera el relativismo? ¿Quién se alzaría con la autoridad para decirles a los pastores nómadas que dejaran de sacrificar a sus animales? No creemos que nos podamos poner de acuerdo en lo que es el orden moral natural. Lo que es bueno para alguien es malo para el de al lado.

¿QUÉ TIENEN QUE DECIR LAS ADMIRADAS RELIGIONES ORIENTALES?

Por último, recordaron un hecho constatado. Ninguna de las grandes religiones mundiales ha obligado jamás a sus seguidores a practicar el veganismo. Ni siquiera las orientales, que predican la compasión y el amor. En el hinduismo sólo los brahmanes, una ínfima minoría, no comen carne. El resto de las castas consumen cordero, aves, cerdo, cabra e incluso vacas. En el budismo, tan sólo una muy pequeña minoría devota se abstiene voluntariamente de la carne. El resto la consume. Eso sí, no pueden participar en los sacrificios, pero pueden comer carne. Es decir, mientras no se encarguen personalmente de acabar con la vida del animal, pueden alimentarse de su carne.

Los budistas también comen carne

CONCLUSIÓN: LA CARNE ES BUENA

La conclusión a la que llegan los alumnos es que la carne no es dañina en sí misma. Antes bien, la carne es buena. Eso sí, la carne real.

Afirman que la carne real procede de la agricultura extensiva, de animales criados en libertad y alimentados con pastos. Animales que han sido engordados de modo natural y no engrasados aceleradamente a base de hormonas.

En su opinión y en base a las evidencias, lo perjudicial tanto para la salud como para el medioambiente es el desequilibrio de la dieta. Si la proporción de carne es exagerada en relación con otros alimentos de la dieta, no puede considerarse un consumo saludable. La virtud se halla siempre en el justo medio.

Asimismo, hacen hincapié en el modo de preparación. Recomiendan evitar las altas temperaturas, las frituras y la exposición directa al fuego. Todo ello para esquivar la liberación de compuestos químicos tóxicos.

La carne es buena y debe formar parte de una dieta que aspire a ser saludable y de calidad. Esta dieta debe contener alimentos de origen vegetal en abundancia, pescado, huevos, lácteos,… y carne.

Por eso, en opinión de los jóvenes participantes en el debate, podría contemplarse recortar el consumo de carne. Siempre en el contexto de una dieta variada. Eso sí, quieren dejar muy claro que no es lo mismo recortar que prescindir completa e imprudentemente de los beneficios de la carne.  

REFERENCIAS CIENTÍFICAS

Asociación de la grasa dietética y el riesgo coronario

Continúe comiendo carne roja y procesada. 

Una dieta de calidad y saludable debe incluir la carne.

Una dieta baja en grasas no protegen contra la enfermedad cardiovascular

P´REZ&MÜLLER

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